Martes, 20 de noviembre de 2007
LA LEYENDA NEGRA O LA MALA FAMA DE ESPA?A

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Espa?a tiene ?mala fama? desde los ?ltimos quinientos a?os. Al principio por su pol?tica imperialista y universal, despu?s por su eterna decadencia que desemboc? en una guerra fraticida y una larga dictadura aislacionista. Al final el rampl?n slogan del ministro de turismo de los 60 ?Espa?a es diferente? era falso, nuestro pa?s fue un estado fanfarr?n, una verdadera ave de rapi?a. ?Hay otra manera de construir un imperio?
A esta ?mala fama? contribuyeron los testimonios sesgados y partiditas de muchos personajes hist?ricos. Los intentos de difamaci?n de Guillermo de Orange o Antonio P?rez, este ?ltimo secretario personal de Felipe II, est?n claramente dirigidos a desprestigiar la monarqu?a y al propio monarca, de hecho la mayor parte de sus cr?ticas van dirigidas al propio rey y no a la naci?n. La ?mala fama nacional? la adquirimos, por qu? los imperios suelen estar rodeados de enemigos, y Espa?a, o mejor dicho, los reinos hispanos, constituyeron un herc?leo imperio durante m?s de tres siglos. Los desmanes de los tercios espa?oles en los Pa?ses Bajos, Alemania o Francia, ahondaron m?s en la Leyenda Negra que la propaganda protestante anti-espa?ola.
La Casa Tudor, creadores de la Leyenda Negra, adem?s de estar unidos familiarmente con la Casa de Austria, incluso en la primera etapa del reinado de Isabel de Inglaterra mantuvieron buenas relaciones diplom?ticas, pero los manejos de los embajadores espa?oles, el intento fallido de matrimonio entre Felipe II e Isabel, llevaron al traste una buena relaci?n internacional. Recordemos que fue Felipe II y no Isabel quien intent? agredir primero, aunque de parte de Inglaterra hubiera provocaci?n y ataques piratas.
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Si en Inglaterra surgi? el antiespa?olismo, nosotros, los espa?oles, debemos reconocer que un sentimiento antiprotestante ha presidido el ambiente acad?mico y pol?tico durante todos estos siglos. La diferencia entre los historiadores ingleses y espa?oles, es que los primeros se han esforzado por terminar con viejas leyendas negras, formando algunos de los hispanistas mejores del mundo como Ellio. Parkert, Bakewell o Lovvett, mientras que los segundos siguen a la defensiva con respecto al protestantismo.
Es verdad que en los pa?ses anglosajones la leyenda negra persisti? en la cultura popular y puede verse todav?a en las pel?culas y folletines norteamericanos, pero no es menos cierto, que si hubiera tenido Espa?a esos mismos medios de expresi?n, habr?a ca?do en los a?os 40 a 70 en los mismos errores. Tan s?lo tenemos que abrir cualquier peri?dico espa?ol para descubrir la cr?tica vertida sobre los Estados Unidos, mucha de ella justificada, pero en todo caso excesiva, por no hablar del profundo desconocimiento y descalificaci?n tenaz de todo lo protestante.


II Parte.
La actuaci?n pontificia ante la situaci?n de los ind?genas, huelga decir que esta siempre se acomod? a la iniciativa real, ya que fueron te?logos espa?oles a instancias de los reyes, los que hicieron las Leyes de Indias, debido sin duda a que el regio patronato espa?ol exclu?a las actuaciones del Papa con respecto a la situaci?n de la Iglesia en Am?rica, y no es hasta la independencia de esta, que el Papa vuelve a recuperar el control de la Iglesia del Sudam?rica y Centroam?rica. Este hecho lo demuestra, que Bartolom? De las Casas nunca se dirigi? a Papa alguno para defender a los indios, ya que sab?a que la llave para solventar los problemas de los ind?genas estaba en la Corte Imperial.
En cuanto a la Evangelizaci?n de Am?rica, reconocer la loable labor de miles de monjes y sacerdotes que arriesgaron sus vidas para transmitir la fe cat?lica. Suscribir su intento de acercamiento a la cultura e idioma ind?gena, aunque no podemos decir lo mismo de los "cristianos colonizadores?, que arrasaron a muchas comunidades en su af?n de buscar oro. Tampoco podemos negar que los castigos y abusos hacia los ind?genas fueron reales, aunque su muerte masiva, en algunos casos, se debi? m?s bien al choque bacteriol?gico y psicol?gico.
Contraponer una sociedad americana hispana, mestiza y tolerante, frente a un protestantismo norte?o racista y genocida en su forma de colonizaci?n, no puede calificarse sino como mera afirmaci?n gratuita. Las culturas pueden ser racistas y por el contrario haber en ellas minor?as e individuos con valores distintos. Los espa?oles, que poco tiempo antes hab?an expulsado a los jud?os de la Pen?nsula, que terminaron de expulsar a los moriscos en el siglo XVII y que importaron a cientos de miles de negros a las colonias, no pueden tacharse con otro apelativo que racistas. Los protestantes de la ?poca, tambi?n, aunque hubiera excepciones entre los cu?queros, menonitas o puritanos, pertenec?an a una cultura racista y esclavista. A pesar de todo, no debemos olvidar que el primer lugar donde se respetaron los derechos de cualquier persona, fuera cual fuera su religi?n, fue en la colonia de Pennsylvania, donde se respetaba a los cat?licos y se evangelizaba a los indios. Tampoco debemos desconocer que la discriminaci?n religiosa en nuestro pa?s ha persistido hasta los a?os 70 del siglo XX, con las excepciones de las dos rep?blicas espa?olas. Si a todo esto a?adimos que el primer pa?s democr?tico de la tierra fue Estados Unidos, a excepci?n de las experiencias griegas, y que su declaraci?n de derechos del hombre, naci? de plumas protestantes, ser?a dif?cil negar que los evang?licos, en su m?s pura expresi?n, contribuyeron al tratamiento digno del ser humano. Para cerrar este apartado, tan s?lo recordar, que los instrumentos que Espa?a utiliz? en el propio siglo XX, para colonizar ?frica, no se diferenciaban mucho del resto de las potencias occidentales, tan s?lo en la cantidad, ya que Espa?a no pose?a la fuerza para colonizar m?s territorios.
Llamar al protestantismo ?el mundo del error y del antihumanismo?, como citan muchos seudohistoriadores, no necesita respuesta despu?s de lo dicho anteriormente. A?adir adem?s que los protestantes fueron enemigos del orden establecido y vasallos del poder del estado es un desprop?sito. La iglesia y el estado mon?rquico estaban unidos, yo dir?a unid?simos, durante toda su historia. El poder del rey espa?ol sobre el Papa y la intervenci?n de este ?ltimo constantemente en pol?tica, olvidando sus deberes pastorales, comport?ndose como un pr?ncipe m?s, luchando por sus territorios como un se?or de la guerra es por todos conocida. Los intentos de reconciliaci?n entre protestantes y cat?licos en el siglo XVI fallaron por los pol?ticos, ya que muchos te?logos estaban dispuestos a llegar a acuerdos.
El protestantismo no rompi? con lo sagrado ni separ? lo cotidiano de lo espiritual dando lugar al secularismo, lo que hizo fue integrarlo por medio del sacerdocio universal, en el que se valoraba igualmente el trabajo de un carpintero, que el de un cl?rigo, rompiendo esa terrible divisi?n de castas medieval: sacerdotal, militar y trabajadora. El axioma m?ximo del protestantismo se resume en las palabras de Benson; ?Para la Iglesia nada es secular sino lo que es pecaminoso?.
Con respecto a la inquisici?n s?lo dos pinceladas. Sabemos que no es una invenci?n hispana, pero el uso que hizo de ella el estado hispano fue tal, que es casi imposible no asociar a ambos. El estado racista de pureza de sangre que la monarqu?a cre? en los Reinos Peninsulares fue terrible, y eso lo dicen historiadores espa?oles y extranjeros. La continua vigilancia de la sociedad, los injustos cr?menes dictados por la inquisici?n y ejecutados por el estado y el aislamiento cultural, son algo tan evidente, como que Espa?a ha necesitado llegar a la democracia para enterrar todos esos fantasmas. La Espa?a abierta de Cisneros o Carlos V no tiene nada que ver con la oscuridad de Felipe II y sus descendientes. Los asesinatos a los protestantes espa?oles en los actos inquisitoriales de Sevilla y Valladolid a mediados del siglo XVI, las guerras religiosas, o las purgas en Polonia, Austria, Bohemia, no pueden compararse al desgraciado asesinato de Miguel Servet.
La ?mala fama? de Espa?a persiste en muchos foros internacionales. Tal vez sean las secuelas de nuestro pasado imperial, pero es in?til intentar maquillar hasta convertir la Leyenda Negra en una Leyenda Rosa, cursi adem?s de falsa. Asumir los errores nos hace m?s fuertes y nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.

Mario Escobar Golderos . Licenciado en Historia y director de las revistas: Kerigma e Historia para el Debate.

Tags: inquisición

Publicado por marioescobargolderos @ 11:40
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