Viernes, 23 de noviembre de 2007
Cuarto art?culo de esta serie sobre las iglesias "Pentecostales" escrita por el historiador Mario Escobar Golderos.



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Origen y creencias del movimiento pentecostal (IV)

El sabio Plat?n puso en boca de su amado maestro S?crates las palabras aprendidas y las propias, hasta no llegar a distinguir entre lo uno y lo otro. Por ello cuando S?crates en uno de sus di?logos memorables le dice a Fedro con respecto de la importancia de la verdad en el discurso: ?Es aquel que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquel que por una lado sabe defenderse as? mismo; y por otro hablar o callar ante quienes conviene? (1). Le informa que lo aprendido es imposible separarlo de lo propio, ya que todo, en definitiva, es aprendido. Los errores ajenos tambi?n pueden ayudarnos a recorrer el camino.

Los or?genes del pentecostalismo pueden remontarse casi hasta donde la imaginaci?n alcance. Desde el Esp?ritu Santo movi?ndose por la faz de las aguas, pasando por las escuelas prof?ticas, La voz audible de Dios a Samuel, la llenura del rey Sa?l, el baile de David ante el arca o los sue?os de Daniel, pero si bien, todos estos hechos definir?an el pentecostalismo, como manifestaci?n de Dios a trav?s de los tiempos, no llegar?an a aprehender los par?metros, medidas y formas del pentecostalismo contempor?neo.

Recorrer otro camino y llegar a los or?genes de la Iglesia, el d?a de Pentecost?s, los Hechos de los ap?stoles o las cartas apost?licas, nos ayudar?an a acotar el origen y ra?z de algunas doctrinas, pero tampoco servir?an para identificar y expresar el pentecostalismo moderno. El pentecostalismo, aunque a los pentecostales no nos guste reconocerlo, tiene una tradici?n propia. Las ra?ces metodistas del pentecostalismo, que tantas veces se han arg?ido, los movimientos anabaptistas de tintes prof?ticos, el puritanismo ingl?s o las iglesias congregacionalistas norteamericanas, son base y ra?z de algunos rasgos del pentecostalismo, pero, con toda seguridad, lo son de los m?s gen?ricos e interdenominacionales. Los mismos or?genes que se pueden ver en las Iglesias bautistas o las Asambleas de hermanos.

?D?nde nace pues la verdadera ra?z del pentecostalismo contempor?neo? Algunos cr?ticos dir?n, que en la teolog?a milagrera de Dowie, en el fan?tico de Parham, en el mesianismo de la se?ora Beuhla o en Sanford, el fundador de la ?lluvia tard?a?. Todos estos y otros muchos son efecto que no causa del movimiento pentecostal. La ra?z, como siempre que hay un nuevo despertar, un acercamiento a la Palabra de Dios, un deseo de santidad, nace de la aspiraci?n del pueblo por buscar a Dios.

En palabras de S?neca SACRA POPULI LINGUA EST (2): ?El Pueblo de Dios busca la aut?ntica voz de Dios?. Uno de los primeros l?deres del nuevo movimiento nacido del Gran Despertar norteamericano y brit?nico fue John Alexander Dowie. A Dowie no puede consider?rsele un pentecostal como tal, ya que no tiene algunos rasgos fundamentales como: el ?nfasis en los dones, las lenguas o la forma c?ltica. A pesar de ello, Dowie fue uno de los iniciadores modernos de las grandes campa?as evangel?sticas, que luego se hicieron comunes en Estados Unidos, Australia o Reino Unido.

Imagen nacido en 1847 en Edimburgo, Escocia, en el seno de una familia cristiana. Se integr? r?pidamente en la iglesia de sus padres, en una humilde capilla de su ciudad. A los trece a?os, despu?s de su conversi?n, viaj? con sus padres a Australia. A pesar de su escasa formaci?n logr? medrar en su nuevo pa?s y convertirse en un hombre de negocios. A los veinti?n a?os tom? la decisi?n de dedicar el resto de su vida a Dios. Estudi? en la Universidad de Edimburgo en la Facultad de la Iglesia Libre. Su primera misi?n fue la de capell?n de la enfermer?a de su facultad. All? se decepcion? del trato que se daba a los enfermos y de las pocas esperanzas que proporcionaba la medicina en aquella ?poca. Muchos autodenominados m?dicos eran simples mercachifles que sacaban fortunas a sus pacientes por supuestas recetas milagrosas. Tras su regreso a Australia pastore? una iglesia en Alma, despu?s pastore? otras congregaciones por el pa?s. Al llegar a la direcci?n de la iglesia de la calle Newton, en Sydney, una terrible epidemia de desat? en la ciudad y que permiti? que Dowie pusiera en pr?ctica sus creencias sobre los dones de sanidades.

En 1876 se cas? con Jeanie y dos a?os m?s tarde abandon? su denominaci?n para crear una iglesia independiente. En 1888, Dowie estableci? su residencia en California y comenz? campa?as de sanidad por todo el estado. Despu?s de recorrer todos los Estados Unidos se instal? en Chicago. Aprovechando la exposici?n universal que se hizo en la ciudad, el reverendo Dowie instal? a la entrada una carpa con un gran cartel que dec?a ?Cristo es todo?. Abri? ?Casas de Sanidad? por toda la ciudad, lo que levant? las iras de algunos sectores y fue acusado de abrir cl?nicas ilegales. Pag? una multa, pero el Tribunal Supremo le dio la raz?n en ?ltima estancia. Creo la revista ?Hojas de Sanidad?, que tuvo un gran n?mero de subscritores.

En el a?o 1900 plane? la construcci?n de una nueva ciudad llamada Si?n, pero la soberbia logr? que Dowie tomara en serio las adulaciones de algunos que le proclamaban el El?as que hab?a de venir. En 1904 se autoproclam? Primer Ap?stol, pero sufri? un ataque cardiaco mientras predicaba, tras una breve estancia fuera de la ciudad fue expulsado por el Consejo de la Ciudad de Si?n.

Los ?ltimos meses, antes de su muerte en 1907, recuper? la cordura y regreso al mensaje primigenio del Evangelio. J. V. V. Barnes dijo de ?l:
?...la ?ltima noche que John Alexander pas? en esta Tierra, estaba una vez m?s en el esp?ritu, sobre la plataforma, hablando a multitud de su gente. Esa noche predic? pensando que expon?a los principios del evangelio a miles de personas. Mientas ense?aba las viejas verdades...cay? otra vez en un sopor...La ?ltima canci?n que cant?, mientras la luz del d?a comenzaba a asomarse fue: ?Soy un soldado de la Cruz?.

A pesar de los graves errores de Dowie, su ministerio produjo miles de conversiones y confirm? en el pastorado a muchos predicadores que continuaron la labor que el abandonaba. Es f?cil juzgar desde nuestra posici?n el envanecimiento de Dowie y su ca?da, pero la vanidad, el pecado m?s com?n de los predicadores, puede seducirnos a todos.

El profeta Jerem?as nos da la clave para entender la Historia de la Iglesia y no caer en sus tropiezos cuando dice: Maldito el hombre que conf?a en el hombre(3).

Pr?xima Semana: Or?genes del Pentecostalismo (II)


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(1) Plat?n, Fedro, Orbis, 1983, Barcelona. P?g. 366.
(2) S?neca: La lengua del pueblo es santa.
(3) Sagrada Biblia. Jerem?as 17.5

Tags: pentescostales, evangélicos, carismáticos

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