Lunes, 26 de noviembre de 2007
1. Prisionero de Cristo.
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Es dif?cil escribir en esta celda. La luz es escasa hasta el punto de que apenas veo la blancura de la hoja y confundo las letras con las sombras que me rodean. Aqu? cualquier ruido se convierte en un estruendo ensordecedor. Los gemidos de los presos en las celdas cercanas y las risotadas de los carceleros que juegan a los naipes, se confunden con el murmullo de ah? fuera. Porque al otro lado de estos muros la vida sigue, olvid?ndose de los que como yo, hemos sido arrancados de su seno. ?nicamente la compa??a de Dios me consuela, no tengo ninguna Biblia pero todav?a recuerdo grandes partes del Nuevo Testamento.
El bullicio de la calle me trae a la memoria un sonido parecido, el acento de la gente es diferente y las palabras tambi?n, pero hay algo que me recuerda vivamente...
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? Infancia y Juventud.
Las campanas de la catedral romp?an el fr?o aire oto?al. La ciudad empezaba a desperezarse del sue?o nocturno y los panaderos mov?an sus peque?os carros llenos de los mendrugos de pan que llenar?an el vientre de los burgaleses ese d?a. En una de las casas nobles de la ciudad un esperado acontecimiento ha llenado a sus moradores de gozo. El primog?nito de los Enzinas ha nacido por fin. Es el d?a de todos los santos (1 de Noviembre de 1519) y ser?n ellos, seg?n piensa su padre, los que lo proteger?n toda su vida. Unos d?as despu?s recibe las aguas bautismales pasando a formar parte de la Santa Madre Iglesia.
En otro lugar de Europa, mucho m?s al norte, una peque?a disputa trae locos a los legados pontificios, un monje en ?rebeld?a? apoyado por un grupo de amigos y el pr?ncipe Federico de Sajonia, pone en duda el magisterio de la Iglesia. El predicador enviado por Roma, un tal Eck, disputa contra Lutero, intentando ponerle en contradicci?n para acusarle de herej?a. El rector de la Universidad de Leipzig, donde se produce la disputa, nos describe as? a los contrincantes: ?Eck es alto de estatura; es de gran corpulencia. Su voz grave sale de un pecho potente. Habr?a sido un buen tr?gico, mejor a?n, un excelente pregonero. Si su inteligencia hubiera estado a la altura de su cuerpo, habr?a sido una obra maestra de la naturaleza?. Sobre Lutero nos dice: ?es de mediana estatura y se encuentra tan enflaquecido por la preocupaci?n y el estudio que se podr?an casi contar sus huesos a trav?s de la piel. Est?, sin embargo en la edad de la fortaleza; tiene una voz clara y penetrante. Sus maneras son educadas y afables; no tiene nada de adusto ni altivo; se adapta a todas las situaciones. Cuando est? en sociedad es alegre y lleno de humor, vivaz y festivo; tiene el rostro radiante y sereno incluso cuando sus adversarios le amenazan. Es imposible pensar que se consagra a una tarea tan seria sin la ayuda de Dios. S?lo se le reprocha ?nicamente una cosa: la mordaz vivacidad con la que reprende a sus adversarios?.
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La disputa termin? a favor de Eck, pero Lutero seguir? poniendo en jaque al Emperador y al Papa durante mucho tiempo.
Las noticias del norte de Europa no afectan para nada la tranquila vida de Francisco que todav?a es un ni?o en su amado Burgos. Pronto vendr? a acompa?arle un hermano, Diego, con el que compartir? sus juegos y fantas?as infantiles.
Podemos ver a Francisco y Diego recorriendo el almac?n de su padre jugando al escondite, imaginando como ser?an los pa?ses de donde proven?an todos aquellos objetos que les rodeaban. Pero en las aulas del colegio religioso donde aprend?an sus primeras letras, sus enso?aciones se estrellaban con las declinaciones latinas, los rudimentos matem?ticos, la escritura y la lectura.
Su padre hab?a dispuesto un futuro prometedor para ellos: el mayor, destinado a la muy honorable carrera de leyes y el menor, al servicio de las armas. Al fin y al cabo, la sangre de tan noble familia s?lo pod?a dedicarse al servicio del rey o al de la justicia, que en aquellos tiempos eran pr?cticamente indivisibles.
Las expectativas paternas no llegaran a realizarse, ninguno de sus hijos cumplir? el plan prefijado por su progenitor. Aunque al principio la carrera de Francisco parece asegurada, ya que su padre se ocupa de enviarle a estudiar a una de las universidades m?s prestigiosas de la Pen?nsula, la Universidad Complutense.
Francisco parti? para Alcal? de Henares siendo a?n muy joven. En dicha universidad ense?aba su t?o, Pedro de Lerma. La ciudad castellana estaba en uno de sus mayores momentos de gloria. La Universidad Complutense, fundada en 1509 por el cardenal Cisneros, era en ese momento un faro del ?saber? para toda Europa. Por sus aulas pasaron los mejores cerebros hispanos como Nebrija y Alonso de Herrera en ret?rica; Santo Tomas de Villanueva y Sancho Carranza de Miranda en l?gica y filosof?a natural; Alfonso de Zamora en la c?tedra de hebreo y Hern?n N??ez y Juan de Vergara en la de griego. Se form?, con la ayuda de estos pro-hombres, una nueva generaci?n, que en poco tiempo se convertir?a en directora de la primera potencia mundial de su tiempo, el Imperio Austria. Entre ellos podemos destacar a: Francisco de Ortiz, San Ignacio de Loyola y Francisco de Osuna. En el bando protestante podemos nombrar a Juan de Vald?s, Constantino Ponce de la Fuente, Egido, Garc?a ?Arias y a nuestro protagonista, entre otros.
Cuando Francisco llega a Alcal? las ideas de Erasmo sacuden sus aulas. Los profesores se entusiasman con la idea de reformar la iglesia desde dentro, en sus corazones hay un sincero intento de regenerar unos reinos paralizados por la inflaci?n, el retraso econ?mico y el abandono de su monarca (Carlos I de Espa?a) que aconsejado por sus mentores flamencos busca en Alemania, Italia y los Pa?ses Bajos, la corona laureada de los sucesores de Carlomagno y el gran duque de Borgo?a. Mientras sus reinos hispanos sufren la lacra de los funcionarios extranjeros (flamencos en su mayor?a), los impuestos abusivos, los caminos llenos de salteadores y las ciudades dominadas por la aristocracia inmovilista y violenta.
La Iglesia, que deber?a ser ejemplo de virtudes y b?lsamo de injusticias, se rige como la extensi?n de un reino terrenal, el ?Reino Romano?, gobernado por una cohorte de cardenales y el Papa, que como pr?ncipes defienden sus derechos, privilegios y posesiones, en lugar de pastorear al Pueblo Cristiano. En los monasterios y casas religiosas las vocaciones verdaderas escasean y los hijos segundones (no primog?nitos, sin derechos a recibir herencia) copan todos los cargos m?s importantes. Por otro lado el clero secular, en su mayor?a ignorante, vive de forma disoluta, en concubinatos y ociosas tareas.
El Cardenal Cisneros, monje austero y sencillo, primado de Espa?a desde el reinado de los Reyes Cat?licos y regente del Reino de Castilla y Arag?n, hab?a hecho una reforma de gran calado en las ?rdenes religiosas, pero la falta de adecuados colegios episcopales y la desidia de la propia Iglesia hab?a paralizado su obra, mediatiz?ndola y margin?ndola a unas pocas cabezas privilegiadas.
Pero, ?a qu? se debe el ?xito de las ideas de Erasmo en los reinos hispanos? ?En que grado contribuyeron los estudios hebraicos y griegos de las Sagradas Escrituras en lo que podr?amos llamar una ?segunda v?a? de reforma?
Empezaremos contestando a la segunda pregunta. Podemos decir que el estudio complutense de los textos b?blicos en sus lenguas originales produjo un retorno a la Biblia. El caso m?s notorio de este giro es el de Juan de Vald?s, que por medio de sus estudios b?blicos lleg? a rechazar ciertos dogmas de la Iglesia Romana haciendo mucho m?s que una cr?tica moral, llegando a la ra?z misma del problema. Erasmo defiende en sus libros las mismas ideas a cientos de kil?metros de Alcal? de Henares. Esta ?segunda v?a? de reforma triunfa en la ?poca en la que Francisco de Enzinas estudia en la universidad. Aunque pasado el tiempo sufrir? un estrepitoso fracaso, tal vez por que a diferencia de la reforma protestante o de la tridentina, la ?segunda v?a? nunca se defini? totalmente, permaneciendo unida a la Iglesia Romana, como si fuera tan s?lo una simple corriente interna.
Si Lutero es padre de la primera reforma protestante, Erasmo es padre de la ?segunda v?a? de reforma que fracas? en Trento y que al tiempo fue extirpada de Espa?a, detr?s de los primeros grupos de evang?licos espa?oles.
Algunos de los t?tulos de los libros de Erasmo que circulaban por la Universidad Complutense y a los que pudo acceder Francisco son: el ?Enchiridion?, (subtitulado ?Manual del caballero cristiano?), editada en dos ocasiones (a?os 1526 y 1528). En la segunda edici?n se incluyeron sus coloquios. Pero la pol?mica sobre las ideas de Erasmo lleg? en Espa?a con la edici?n del libro ?Elogio de la locura? y otras de sus obras.
En esta primera etapa dorada del erasmismo espa?ol, cuando el Emperador Carlos V protege las ideas y libros del Holand?s, Francisco debi? absorber como una esponja el ambiente abierto e innovador de la Universidad Complutense. Por otro lado la influencia de su t?o Pedro de Lerma, del que ya hemos hecho menci?n, debi? inclinar, la todav?a moldeable mente juvenil del Francisco, hac?a ideas de respeto, investigaci?n y amor por los estudios b?blicos. No olvidemos que Pedro de Lerma, Abad de Alcal? y Can?nigo de Burgos, era amigo personal de Erasmo y predicador convencido de las doctrinas puramente b?blicas. Este hombre tan ilustre tuvo que sufrir a la edad de 70 a?os la c?rcel siendo obligado por la Inquisici?n a retractarse de sus ideas evang?licas; tras lo cual sali? de la Pen?nsula volviendo a su c?tedra en la Sorbona de Par?s.
La Espa?a de la que parte Francisco de Enzinas est? cerr?ndose poco a poco a las ideas que circulan por el resto de Europa. Los inquisidores generales anteriores a Fernando de Vald?s hab?an sido defensores de la reforma propuesta por Erasmo, pero los nuevos directores de la Inquisici?n van a combatirla; En esta ardorosa lucha se ver?n implicados erasmistas como Juan de Vergara, Alfonso Ruiz de Viru?s, el librero Miguel de Egu?a, Mateo Pas-cual, el ex rector del colegio complutense de San Ildefonso, Miguel Mezquita y Juan del Castillo, que aunque logr? llegar a Bolonia ser? extraditado y quemado en la ciudad de Toledo en el a?o 1539.
Las barbaridades inquisitoriales contra los erasmistas se enmarcaban dentro del intento estatal de unificar las posiciones en los reinos hisp?nicos, para lo que se us? eficazmente los medios que ofrec?a una instituci?n como la Inquisici?n.
Luis Vives, uno de los m?s ilustres espa?oles del siglo XVI, desde su exilio voluntario en Brujas comenta sobre la situaci?n espa?ola: ?en estos tiempos dif?ciles en los que no se puede callar ni hablar sin peligro?.
Los libros de Erasmo comienzan ha aparecer en los ?ndices de libros prohibidos de la Inquisici?n espa?ola en los a?os 1551, 1559, 1583 y 1612.
La persecuci?n hacia heterodoxos no era nada nuevo. A la eliminaci?n de moriscos y jud?os conversos sigue el asesinato de sospechosos de luteranismo, adem?s de los ajusticiados por brujer?a y todo tipo de pr?cticas amorales condenadas por la Iglesia.
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Siempre deseosos de controlar la vida y religiosidad de la gente, animados por un Estado en b?squeda de su propia identidad y excluyente de lo diferente, los ?padres? inquisidores reaccionaron contra los vientos de reforma que se pod?an observar entre algunos grupos de intelectuales y ciertas personas de noble cuna. Desde el 1521 los tribunales de Arag?n y Valencia queman libros luteranos, uni?ndoseles Navarra en 1523, Toledo en 1530 y Salamanca en el 1531.
Durante este periodo la persecuci?n contra los luteranos se sigue practicando en Espa?a, mientras que se continua una pol?tica de indulgencia hacia los seguidores del Holand?s (Erasmo).
Notorias son las ejecuciones por luteranismo de personajes como el pintor mallorqu?n Gonzalvo en 1523 y la del mercader alem?n Blay en Valencia un a?o despu?s. A la lista de m?rtires protestantes hay que sumar los nombres de Cornelius, pintor de Gante y Mart?n Sanch?s.
Las acusaciones y condenas se generalizan hacia todo lo que huela heterodoxia: Iluminados, erasmistas y luteranos son metidos en el mismo saco.
El inquisidor general Fernando de Vald?s act?a con gran prontitud para sofocar los grupos de evang?licos que por diversas partes de Espa?a van tomando forma, algunos compuestos por un n?mero importante de personas, destacando las pertenecientes a la nobleza. Pero todo esto suceder? varios a?os despu?s de la marcha de Francisco de Enzinas al extranjero.
La llegada de Francisco a Lovaina en Junio de 1539 y sus estudios en el Colegio Triling?e le apartan moment?neamente de las luchas y enfrentamientos de sus compatriotas. El ambiente en la ciudad es animado y mucho m?s tolerante y abierto. Su estancia es agradable, la primavera est? terminando y el verano del 1539 no hace presagiar el fr?o de los inviernos belgas.
El r?o Dyle refresca por las ma?anas las calles de la ciudad y el aspecto de sus gentes est? en consonancia con la buena situaci?n econ?mica. Pero la universidad y la ciudad se hace peque?a para el joven burgal?s, que tiene una especie de muelles en los pies que le impiden estarse quieto mucho tiempo en un mismo sitio. Su curiosidad e inter?s por el mundo le empuja a viajar constantemente. Viaja a Par?s para a visitar a su hermano menor Diego y a su t?o. La impresi?n que Francisco tiene de la ciudad tras su visita no es muy buena. Es testigo como miles de parisinos del apresamiento y muerte de los protestantes de la ciudad. Los dos hermanos presencian la ejecuci?n de Claude le Peintre (1540). La persecuci?n de protestantes en Francia era algo com?n desde los a?os treinta del siglo XVI. Las ideas reformadas se hab?an filtrado a trav?s de Francfort y Amberes, donde se imprim?an muchos libros evang?licos en franc?s; tambi?n desde Basilea, principal centro editorial de las obras de Erasmo; de la ciudad de Estrasburgo, convertida en su mayor?a a la fe reformada y refugio de numerosos protestantes franceses; y tambi?n desde Ginebra y Ly?n.
Las imprentas clandestinas de Par?s produc?an una innumerable cantidad de literatura evang?lica inund?ndolo todo. En la Sorbona, donde seguramente estaba estudiando Diego, la literatura de Lutero se le?a abiertamente. Cientos de libros llegaban de todas partes entre los barriles de los comerciantes y eran r?pidamente devorados por un p?blico insaciable de novedades y hambriento de temas espirituales. Aunque el profesorado, en su mayor parte, era contrario a la Reforma, no faltaban los docentes que animaban a sus alumnos a ahondar en las doctrinas de los evang?licos y en la lectura de las Sagradas Escrituras.
Las ideas de renovaci?n en Francia no eran del todo extranjeras. En el reino franc?s hab?an existido precursores de la Reforma. Entre ellos est?n Juan Bouchet y Jaime Lef?vre, que ya hab?an hablado antes que Lutero de la justificaci?n por medio de la fe y eran igual de cr?ticos que ?l en su condena a la jerarqu?a cat?lica. Tambi?n existieron algunos intentos de reforma a cargo del obispo Guillermo Briconnet, en su di?cesis de Meaux (1515), donde propici? el estudio de las Sagradas Escrituras, la traducci?n de los Cuatro Evangelios y del Antiguo Testamento, realizados por el anteriormente nombrado Lef?vre. Pero Briconnet no se conformaba con purificar al peque?o reba?o de su di?cesis, por lo que intent? y consigui? atraer hacia sus ideas a Margarita de Navarra, de la que era amigo y confidente. Entre las reformas de Briconet hemos de destacar su intento de impedir el absentismo de los p?rrocos de sus iglesias, ya que muchos de ellos resid?an fuera de ellas, obteniendo los beneficios econ?micos pero sin ejercer su servicio pastoral. Las ?novedosas? reformas de Briconnet se encontraron con la oposici?n de muchos de sus colegas eclesi?sticos. Cuando los obispos consiguieron una condena por parte de la Universidad de Par?s, de las ideas de Lutero. Briconet tuvo que acudir a Par?s en 1522 para apoyar la prohibici?n de los libros del Reformador Alem?n y quedar as? libre de toda sospecha her?tica.
Las ideas de reforma impregnaban tanto afuera como adentro de las fronteras francesas a todas las capas de la sociedad, por ello la jerarqu?a eclesi?stica us? dos de los apoyos m?s importantes con los que todav?a contaba para combatirlas: el Parlamento de Par?s y la Facultad de Teolog?a de la Sorbona. La autoridad pol?tica, el Parlamento, en un pa?s todav?a fragmentado y dividido era imprescindible para parar a los protestantes; la Sorbona era considerada la instituci?n de ense?anza m?s importante de Europa, de hecho la universidad parisina public? poco despu?s de la condena papal una repulsa similar hac?a la obra y la persona del Reformador Alem?n.
La guerra entre Francia y Espa?a agrav? la situaci?n de los evang?licos en el pa?s. El grupo de Meaux se disolvi? y figuras como Farel partieron al exilio. En mayo de 1525 el Papa facult? a cuatro jueces del Parlamento para perseguir a los herejes, pero los rigores del tribunal eran tales, que el mismo rey Francisco I, prisionero de Carlos V en Espa?a, mand? parar los juicios y disolver el tribunal.
El Rey, a su regreso, viendo mermada su autoridad, convoc? una Asamblea de Notables (1527) y la celebraci?n de varios concilios provinciales. Todos coincidieron en la necesidad de perseguir al protestantismo, lo que se vio r?pidamente refrendado por la ejecuci?n de varios evang?licos en Par?s y Ru?n. Desde el a?o 1528 al 1535 las ejecuciones fueron constantes.
De esta manera, el Par?s que descubri? Francisco de Enzinas no fue el para?so de tolerancia que tal vez so?ara. La, en otros tiempos, ilustre universidad parisina se hab?a convertido en una verdadera ?Inquisici?n Francesa? y el Parlamento en su brazo ejecutor.
Francisco deja la ciudad muy pronto, para volver a territorio de los Pa?ses Bajos.
Su regreso a Flandes le hace concebir una idea cuanto menos arriesgada, ya que Francisco quiere acudir a estudiar al coraz?n mismo del protestantismo en esa ?poca, Wittemberg. Con una carta de recomendaci?n de Juan Lasca decide marchar a Alemania, como el mismo dice: ?para disfrutar de las doctrinas de este hombre (Lutero) atravesar?a los confines del mundo civilizado?.
Francisco, seguramente es ya evang?lico en su coraz?n antes de este viaje. La repentina enfermedad de su t?o le hace volver a Par?s, teniendo que posponer el viaje unos d?as. Tras la muerte de su t?o se dirige a Alemania y el 27 de octubre de 1541 se matricula en la universidad de la ciudad de Lutero, Wittemberg.

Continuar?.

Mario Escobar Golderos

Tags: reforma, protestante, protestante hispano, evangélico

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