jueves, 29 de noviembre de 2007
La liberación milagrosa.

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El aire de la calle me despejó de mi letargo. Mis pasos fueron acelerándose a medida que me alejaba de las rejas, como si mis pies cobraran ligereza y de mis espaldas se escurrieran todos esos meses de angustias, prisiones e inquietudes. Las calles me parecían el laberinto del Minotauro; pero como Teseo había encontrado el cordel que me sacaría de sus garras y liberaría a los “atenienses” de su sacrificio de donceles, dando su merecido al padre de todas las mentiras, que había engañado a tantos corazones y operado en tantas voluntades.
Al llegar a la casa de mi amigo y después de recuperar fuerzas, emprendí el viaje a Malinas, desde donde garabateo estas líneas que me hacen sentir que mi liberación no es un sueño, aunque me cueste imaginar que no lo fuera mi cárcel.
La situación política en Alemania es muy compleja durante todo el siglo XVI. Si bien en la mayoría de los reinos europeos se produce un proceso de unificación promovido por las diferentes casas dinásticas y apoyado por la burguesía urbana, harta de los desmanes de los nobles. En los territorios germánicos los ideales de unidad propiciados por la casa de Austria se estrellan una y otra vez con los intereses particulares de los príncipes. La Reforma va a complicar aún más la situación.
Las diferencias políticas y las religiosas muchas veces van a estar unidas pero otras veces no. Asociar la Reforma Protestante a simples intereses económicos y políticos de los príncipes alemanes, es caer en una idea demasiado simplista del hecho histórico y de los complejos mecanismos del ser humano. Si bien es cierto, que la destrucción de una iglesia rica y fuertemente jerarquizada podía poner en las manos de los príncipes un gran número de tierras y recursos, no es menos cierto, que los peligros naturales y “sobrenaturales” a los que se exponían estos, podían llevarles a la ruina. No olvidemos, que los príncipes pertenecían también a la sociedad crédula de finales de la Edad Media, con el peso psicológico que eso podía suponer para ellos. Por otro lado, el enfrentar-se abiertamente a los deseos del emperador Carlos V, por débil que fuera su poder al principio, ponía en un serio aprieto a los nobles reformados. El silogismo protestante- federalista y católico- unionista, no será siempre cierto ya que algunos príncipes de religión evangélica apoyarán al Emperador y viceversa.
Federico de Sajonia, protector de Lutero, es un ejemplo formidable de la incertidumbre en la que vivían los que se ponían del lado inequívoco de los evangélicos. La fortuna que pudo adquirir al enajenar las tierras eclesiásticas e impedir que saliera de su feudo dinero para Roma y el arzobispo Alberto de Maguncia, con motivo de la compra de indulgencias, no podía compensar por si sola la lucha que tuvo que mantener, con la Iglesia y el Emperador. Algo más debía haber en las intenciones principescas de este y otros nobles. Tal vez lo mismo que atrajo a miles de personas al lado evangélico, un deseo sincero de religiosidad y temor por la vida ultra terrena, en una Europa azotada por las plagas, las hambrunas, la ignorancia y el peligro turco.
Cuando Francisco entra por primera vez en Alemania en el año 1541, la situación en el Imperio no puede ser peor. Dos años antes los príncipes protestantes se habían unido en una dieta, que más que buscar la paz de la dividida Alemania, perseguía la preparación de una nueva guerra tras la tregua de Nuremberg. La llegada del plenipotenciario imperial, Juan de Weza, calmó los ánimos. Las peticiones protestantes suponían una ruptura con Roma y el representante imperial se negaba a aceptarlas. Con el fin de facilitar el diálogo religioso propuso un coloquio. Su propuesta se materializó el 19 de Abril de 1539 en Francfort. Este breve periodo pacífico se vio empañado por la negativa del bando evangélico a participar en un concilio en el que estuviera presente el Papa.
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La reunión se pospuso hasta la celebración de la Dieta de Espira el 6 de Junio de 1540, aunque la insistencia del Papa en participar en esta nueva convocatoria chocaba con las ideas de los reformadores ya que aceptar la presencia del Pontífice significaría someterse bajo su autoridad. Los teólogos de Wittemberg afirmaban que la división de la Iglesia complacía a Dios, y que no se podía crear una “nueva iglesia” andrógina. La epidemia de la ciudad hizo que se trasladara el diálogo a otra ciudad alemana, Hagenau. El Papa no fue en persona, pero envió un representante, Morone. Una nueva suspensión aplazó la discusión y la emplazó en Worms, llegándose a un acuerdo en la participación del nuncio papal en el debate.
El debate de Worms estuvo viciado desde el principio, los organizadores católicos manipulan la forma de votación y controlan el tiempo de exposición. Aún así se llega a algunos acuerdos con respecto a la doctrina del pecado original, pero el intento de hacer una doctrina de la doble justificación era inaceptable para evangélicos como Bucero, que veían en esta claudicación la destrucción de los principios bíblicos.
Estando ya Francisco en Alemania se celebra la Dieta de Ratisbona. Lutero recibe unos días antes un resumen de las propuestas aprobadas en Worms, y aunque reconoce las nobles intenciones de los negociadores, ve como inadmisibles sus propuestas. Carlos V se presenta en la Dieta y encomienda a una comisión de teólogos el estudio de las propuestas, entre ellos están Melanchthon, Bucero y Eck. Los protestantes quieren que se discuta la Confesión de Augsburgo, pero los católicos prefieren tratar en base al Acuerdo de Worms. Pero triunfó la cordura y el deseo de reconciliación y prácticamente se llegó a un acuerdo. Personas tan distintas como Eck (defensor del catolicismo a ultranza) y Calvino (padre de la 2ª Reforma), aceptaron la doctrina de la justificación por la fe. La disputa en torno a la misa hizo imposible un acuerdo definitivo. El estancamiento de los acuerdos mueve a los representantes evangélicos a pedir consejo a Lutero, que se niega a aceptar un acuerdo a cualquier precio, que ponga en peligro los postulados bíblicos.
Desde Wittemberg se lanzan consignas de mutua tolerancia y respeto a las ideas de cada príncipe, negándose el Emperador a aceptar que sus súbditos se separen de la que él creía iglesia verdadera.
A las convulsiones políticas debemos añadir la difícil situación social que atraviesa el país. Los campesinos y los caballeros sin fortuna pretenden adelantar el reino milenial y realizar una verdadera “purga” de sus “opresores”. Este movimiento social, impregnado de un profundo sentimiento religioso, crea una tercera vía, aniquilada por las otras dos corrientes: la reforma moderada y el catolicismo. Algunos de los líderes de este movimiento son Müntzer y Pfeiffer.
Todas estas rebeliones son anteriores a la llegada de Francisco a Alemania, aunque tan sólo dos años después de su estancia en esta, los ejércitos del Emperador impiden la expansión de la Reforma en el Ducado de Cleves, inclinándose de nuevo al bando católico, demostrando es esta manera, que Carlos V aún tenía poder para imponer su autoridad en algunas parte del Imperio Germánico.

Tags: protestantismo, religión, cristianimo, evangélicos

Publicado por Desconocido @ 19:30  | Protestantismo Español
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