jueves, 29 de noviembre de 2007
La Reforma Protestante (1517)
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Tras la caída del poder mogol en Asia, que era tolerante con los extranjeros y permitía un tránsito pacífico de las caravanas europeas, se incrementó enormemente la dificultad de los viajes hacia Asia para buscar especies, seda y otros bienes apreciados por los europeos. La animadversión de los musulmanes (justificada por el comportamiento de los mal llamados cristianos de las Cruzadas), y la poca simpatía hacía los extranjeros de las nuevas dinastías chinas plantearon como alternativa el viaje por mar.

Los portugueses hicieron grandes progresos en la navegación hacia las Indias circunnavegando África. Los españoles, y más tarde franceses e ingleses, se decantaron por ir hacia el Oeste.

Tras el “descubrimiento” España y Portugal que eran, por entonces, las dos mayores potencias mundiales decidieron repartirse el mundo. Ambas naciones que eran rígidamente católicas querían evitar un nuevo enfrentamiento y buscaron un árbitro en el Papa, por aquel entonces era Alejandro VI, que era español de nacimiento. Los Reyes Católicos le solicitaron que legislase en esa materia y así en mayo de 1.493 el Papa trazó una línea desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, que pasaba a unos 160 kilómetros de las islas de Cabo Verde. Las tierras que estuviesen al Oeste de esta línea (el Nuevo Mundo) pertenecían a España, lo que quedara al Este sería para Portugal.
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Un año más tarde, en junio de 1494 y en virtud del Tratado de Tordesillas esa línea se modificaría y se desplazaría unos 1.100 kilómetros al Oeste (meridiano 46° de longitud Oeste) por petición de Portugal. Esta nueva línea, aún sin tal vez saberlo entonces, pasaba sobre Brasil y gracias a ello Portugal tuvo la posibilidad de llegar, legalmente, al Nuevo Mundo.

La cristianización del Nuevo Mundo

La evangelización del Nuevo Mundo se inició un poco antes de la Reforma Protestante, a través de frailes españoles, franciscanos, dominicos y jesuitas, por lo que fue fundamentalmente católica en sus inicios.

Las bulas papales entre 1456 y 1514 cedieron a las coronas española y portuguesa la labor de convertir a los pueblos paganos de las tierras que se estaban explorando tanto en Asia y África como en América. Por ello la Corona española mantuvo un control total tanto sobre las personas como sobre las rentas de la Iglesia en el Imperio más grande jamás conocido hasta entonces.

España actuó con denuedo en su labor misionera mientras que Portugal fue más tibia.

La actividad misionera fue católica por largo tiempo y lo fue tratando de alcanzar a los indios, mientras que la evangelización protestante se produjo fundamentalmente por oleadas de nuevos colonos y se realizaba entre europeos también y en territorios de lo que hoy es la costa occidental de los Estados Unidos.
El calvinismo y otros grupos protestantes con su aversión a los rituales y los simbolismos, y con su centralización en la lectura de la Biblia ofrecía una visión muy austera en comparación con el barroquismo católico que resultaba más impresionante para las culturas indígenas.
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Los frailes españoles, por la influencia humanista de Cisneros (décadas de 1520 y 1530), se encontraban en un buen momento para su labor. Hernán Cortés mismo solicitó al emperador una misión franciscana, y así esta orden dominó la evangelización hasta 1570. Estos primeros frailes introdujeron la imprenta en las Indias y defendieron la libre circulación de las Escrituras. Su predicación era, a propósito, muy sencilla y buscaban la conversión y los bautismos rápidos, para más tarde dar una mejor instrucción. Su éxito fue asombroso. Entre 1524 y 1531 se afirma que hubo más de un millón de conversiones, otras fuentes manifiestan que hacia 1535 se habían producido más de 5 millones de bautismos entre los indios.

Los misioneros mantuvieron una lucha constante para proteger a sus conversos de los colonos llegados de España y procuraban crear comunidades en torno a la iglesia y el convento con un sistema de propiedad de la tierra comunitario, bajo el modelo de la Utopía de Tomás Moro, con ello buscaban aislar a los indios de las influencias paganas de los colonizadores europeos, caracterizados por su baja moral y su codicia.

La violencia de las primeras conquistas se justificaba con la ficción de que los indios eran una raza bestial e infrahumana que rechazaba el cristianismo.

Hubo diversas denuncias, en especial los dominicos Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas. Éste último dedicó casi toda su vida (desde 1514 a 1566) a defender a los indios, y conseguir la prohibición de esclavizarlos, lo que se consiguió con las “Nuevas Leyes” de Carlos V en 1542.

El arraigo de la nueva fe entre los indios estaba matizada por sus antiguas creencias que tampoco abandonaban, con lo que se produjo una cierta mezcla de cristianismo con creencias claramente paganas. Por ello sólo se permitía comulgar a los nativos más piadosos y mejor instruidos. Pero poco a poco el desanimo llegó y las esperanzas de tener un clero autóctono se desvaneció.
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El éxito evangelístico mayor fue en Nueva España, pero en Centroamérica y Perú las cosas no fueron tan bien. Los territorios a cubrir eran inmensos y las conversiones superficiales. El campesinado aceptaba el cristianismo como un añadido a su ya complejo sistema politeísta. La iglesia en Perú nunca dejó de ser la iglesia de los españoles y de algunos indios hispanizados, en suma una delgada capa sobre un grueso estrato pagano.

Continuará.

Mario Escobar Golderos

Tags: protestantismo, américa latina, religión

Publicado por marioescobargolderos @ 19:41
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Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 30 de octubre de 2008 | 2:56
Me gustaría conocer el autor de las pinturas del artículo