Lunes, 03 de diciembre de 2007
Imagen? Estancia en Wittemberg.


Wittemberg, cuna del protestantismo, est? repleta de estudiantes de diferentes pa?ses deseosos de aprender las doctrinas luteranas. Al parecer Francisco no era el ?nico espa?ol estudiando en la ciudad, pero hasta aqu? no nos ha quedado noticia de la cantidad de estudiantes hispanos, que cursaron estudios de teolog?a en ese periodo.
Melanchthon recibi? al joven burgal?s con tal agrado, que lleg? a hospedarle en su casa. Las relaciones entre los dos debieron ser estrechas y amistosas. Melanchthon era, al contrario de Lutero, un pacificador. Nacido en Bretten en 1497, era sobrino nieto de un famoso hebra?sta llamado Reuchlin. A la edad de 21 a?os fue nombrado profesor de griego y hebreo en la Universidad de Wittemberg, donde conoci? al agustino y tambi?n profesor Mart?n, con quien enseguida entabl? una gran amistad. Su esp?ritu mediador le empuj? a buscar una reconciliaci?n entre protestantes y cat?licos, que las posturas pol?ticas y las intransigencias doctrinales hicieron imposible. Pero la labor m?s fecunda de su carrera fue la creaci?n de la Confesi?n de Augsburgo, en la que haciendo un verdadero encaje de bolillos, intent? contentar a todos, aunque al final no consigui? contentar a nadie.
Francisco aprendi? de su querido mentor el deseo de ?Paz Cristiana?, la tolerancia y la intenci?n de casar la fe con la raz?n. Seguramente la traducci?n del Nuevo Testamento de Enzinas al castellano, estuviera inspirada en los consejos de Melanchthon.
Mientras sucede todo esto, su hermano Diego sigue los pasos de Francisco y como ?l estudia en las universidades de Francia y los Pa?ses Bajos. El 20 de Febrero de 1541 escribe una carta a Cassander, en Brujas, donde le refiere que por indicaciones de sus padres ha dejado la universidad de Lovaina para estudiar en Par?s, aunque el cambio no le gusta. Adem?s de este comentario, Diego critica la situaci?n de la universidad de la Sorbona, la prepotencia de sus profesores, la caristia de la vida y la mala calidad del alumnado. Poco despu?s parte para Lovaina. El tiempo que paso el joven Diego en la ciudad no lo sabemos, pero al parecer parti? para Roma animado por sus padres, que ve?an con malos ojos las influencias de las ideas protestantes en su hijo.
La Roma que se encontr? Diego debi? impactar al inexperto joven. Es dif?cil de imaginar con nuestra mentalidad actual la impresi?n que en el visitante deb?a producir la ?Ciudad Eterna? y la Pen?nsula italiana en general.

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Libro de la vida de Francisco de Enzinas
Por un lado las ruinas romanas hablaban de un pasado glorioso, evocando la sabidur?a pagana, que hall? en la capital imperial su mejor veh?culo. La Italia de Cinquecento, no lo olvidemos, era un compendio de peque?os ducados, principados y reinos. Su prosperidad econ?mica tra?a de cabeza a los Reinos hispanos y franceses, que pretend?an poseer su riqueza, pero la mayor riqueza de Italia era su legado cultural. El Renacimiento hab?a conmovido los cimientos de la adormecida Europa medieval, lanzando al hombre al centro mismo del Universo. El ser humano se convert?a en medida de todas las cosas, desplazando a la divinidad. Aunque al mismo tiempo arrancaba al ciudadano, al campesino, al religioso y al noble del corporativismo asfixiante, que le imped?a tomar conciencia de si mismo. Deteniendo de esta manera toda posibilidad de encontrar a Dios de una manera personalizada, alejada de ritos y celebraciones populares. Ver en el Renacimiento solamente el exponente del paganismo, del racionalismo y en definitiva, la reafirmaci?n de un hombre que empieza a tener conciencia de si mismo y se aparta de Dios, limita, o por lo menos, dificulta la explicaci?n del como y el por qu? de la Reforma Protestante. El encuentro personal con Dios debe tener c?mo premisa principal la divisi?n del ser individual frente al ser colectivo.
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La Curia Romana, embebida en su propia problem?tica, estaba lejos del sentimiento de angustia que embargaba a las masas torturadas por las guerras, hambres y plagas. Por eso no es de extra?ar que Diego se sintiera sorprendido por el relajo moral de la Corte Papal, que en muchos sentidos tan s?lo imitaba las costumbres cortesanas de su tiempo. La instituci?n papal, que durante tanto tiempo hab?a sido manipulada por unos y otros, se centraba de lleno en los problemas temporales, dejando de lado los espirituales o s?lo atendiendo a ellos, en tanto y cuanto afectaran a los materiales y pol?ticos.
Roma era un verdadero laberinto de intrigas palaciegas, de embajadores imperiales y artistas. Carlos V, que siempre favoreci? en la medida de lo posible los intereses cat?licos, no dud? en atacar Roma, cuando el Papa se opuso abiertamente del lado de su eterno rival, Francisco I de Francia. Arras? la ciudad y amenaz? al Papa con la muerte, si no se manten?a neutral en la pol?tica Imperial en Italia.
Paulo III, el Papa a la saz?n durante la estancia de Diego en Roma, era hijo de unas familias patricias de la ciudad, la famosa dinast?a Farnesio. Despu?s de una pr?spera carrera eclesi?stica fue nombrado obispo de Parma, por el papa Julio II y enviado por Clemente VII, como legado ante el emperador Carlos V. Su vida de lujo y derroche era la costumbre habitual de la mayor parte de los altos cargos eclesi?sticos. Tuvo cuatro hijos ileg?timos. Accede al pontificado en octubre de 1534. Sus cualidades como diplom?tico suavizan las relaciones entre la Santa Sede y el Imperio. Desde su posici?n privilegiada impuls? a varios familiares a los mejores cargos eclesi?sticos, escandalizando a la nada puritana Roma.
Fue este el Papa que decidi? convocar el deseado Concilio y reorganiz? la inquisici?n romana en el a?o 1542, extendi?ndola m?s tarde a todos los territorios italianos.
Curiosamente tras el acuerdo de Crepy, entre franceses y espa?oles, se pudo convocar el Concilio de Trento, seguido por una inusitada persecuci?n contra los protestantes en los Pa?ses Bajos, de la que ya hablaremos m?s adelante.
Una ciudad mundana, pero al mismo tiempo bella y repleta de cosas que aprender para una mente abierta. Para Diego, una oportunidad como otra cualquiera de predicar el Evangelio entre sus compatriotas y los romanos.

Tags: Enzinas, protestantes españoles, reformados

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