Lunes, 10 de diciembre de 2007
Edici?n del Nuevo Testamento.
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Erasmo de Rotterdam
Francisco aprovech? muy bien su estancia en Wittemberg. Las clases de Melanchthon, el ambiente b?blico de la ciudad, los coloquios y conversaciones informales causaron en ?l una profunda impresi?n. Las ideas reformadas dejaron de ser eso, ideas, para convertirse en profundas creencias que lo impregnan todo y dan un sentido a su vida. La Gracia hab?a pasado de concepto a anhelo y de anhelo a vivencia, la Palabra se hab?a encarnado en su coraz?n y hab?a hecho germinar una fe inalterable.
El deseo de compartir sus creencias se plasma en la traducci?n del Nuevo Testamento al castellano. Francisco quiere de esta manera contribuir a la extensi?n del Evangelio en su amada Castilla, ya que, como muchos de sus contempor?neos, cre?a que la sola traslaci?n de la Palabra de Dios al lenguaje com?n abrir?a muchas de las mentes que hasta ese momento estaban cerradas. Esta ingenuidad le lleva a la audaz aventura de imprimir el Nuevo Testamento en castellano y que este sea protegido por el Emperador, favoreciendo as? su propagaci?n.

Francisco mete en su peque?a bolsa de viaje su ligero equipaje y con su manuscrito parte a los Pa?ses Bajos a principios del a?o 154, antes que el fr?o invierno germano dejara paso a la c?lida primavera. Su primer destino es Emden donde visita a Juan Laski, un amigo suyo, despu?s pasa una corta temporada en la ciudad con Alberto Hardemberg, un monje que aunque cre?a en los postulados evang?licos, no deseaba romper abiertamente con la Iglesia Romana. Al parecer la visita de Francisco de Enzinas le ayudo a decidirse y colgar los h?bitos. Partiendo poco despu?s a Wittemberg con la intenci?n de estudiar teolog?a. Convirti?ndose m?s tarde en pastor de una comunidad en la ciudad de Lovaina. Justamente a esta ciudad se dirige nuestro protagonista despu?s de dejar a su amigo. La ciudad que dej? nuestro protagonista un a?o y medio antes ten?a poco que ver con el panorama con el que se encontr?. Sus amigos le acogen con amabilidad, pero nota que algo les inquieta. Cuando les comenta que viene de la vecina Alemania y que ha estado m?s de un a?o en Wittemberg la amable acogida se torna en abierto rechazo. ?Qu? hab?a sucedido? Aquellos hombres no parec?an los mismos.
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Los amigos del joven burgal?s le narraron lo que hab?a pasado un d?a antes de su llegada a la ciudad:
El procurador general de la ciudad hab?a entrado con unos soldados en las casas de 28 familias y hab?a sacado de las camas a maridos y mujeres llev?ndoles a la prisi?n; su delito era el de ?herej?a?. Francisco qued? impresionado por lo que le cuentan sus amigos y compa?eros.
El panorama de Lovaina parece el menos favorable para la empresa que le hab?a llevado hasta all?. En cambio Bruselas, una ciudad m?s segura, en la que puede pasar m?s desapercibido y llevar a cabo su sue?o de imprimir el Nuevo Testamento, es un lugar m?s apropiado para este prop?sito. Pero esta ciudad tambi?n ha llegado la persecuci?n religiosa, propag?ndose poco a poco en otras localidades como Brabante y Flandes.
La persecuci?n contra los evang?licos en los territorios de los Pa?ses Bajos empieza a generalizarse. Si bien desde 1521 la persecuci?n contra los protestantes y sus posesiones hab?a sido algo normal en estos territorios, las cifras de condenados y asesinados por causa de herej?a se multiplican.
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En el corto periodo comprendido entre los a?os 1521 y 1565, 2.793 personas fueron acusadas de herej?a, en una poblaci?n aproximada de 350.000 personas. La mayor parte proven?an de los estratos bajos y medios de la sociedad, aunque tambi?n hab?a algunos nobles y cl?rigos. Al parecer el acuerdo de Crepy fue el detonante de la persecuci?n oficial contra los evang?licos flamencos. Esta estuvo apoyada por un cuerpo de leyes civiles y la libertad casi total de los inquisidores, que pod?an detener a cualquier persona sin previo aviso, incluidos todo tipo de funcionarios p?blicos.
Francisco decide volver a Lovaina y, sin hacer caso a las amenazas que se cern?an sobre su cabeza, llevar a cabo la empresa que se hab?a propuesto realizar para la gloria de su Dios.
Sus amigos flamencos desaprueban su actitud y desean alejarle del ?peligro?, pero nuestro protagonista haciendo caso omiso, se re?ne con sus compatriotas buscando apoyo. Sus familiares y amigos espa?oles le recogen con gran amabilidad, animando as? su mermado entusiasmo. A instancias de un familiar de Amberes deja la ciudad una semana para descansar de las tensiones que le producen el enjuiciamiento de sus hermanos en la fe. Poco despu?s est? de vuelta en la ciudad con el empe?o de no dilatar m?s la publicaci?n del Nuevo Testamento en castellano.
A su regreso contempla con estupor el nefasto trato que se da a las mujeres enjuiciadas por ?herej?a?, empleado contra ellas los m?todos m?s brutales. Las mujeres, en su mayor parte, defendieron con ah?nco sus creencias, pagando su osad?a con la muerte. El castigo contra ellas era m?s cruel que el que se empleaba con los hombres, enterrando vivas a las que se negaban a abjurar de su fe.
Francisco nos relata en sus ?Memorias? el calvario por el que tuvieron que pasar muchos de sus contempor?neos por el simple hecho de no acatar la religi?n oficial y su deseo de leer y practicar las ense?anzas de la Biblia.
La ?herej?a? de la que eran acusados estos hombres y mujeres, y que por desgracia sigue siendo el calificativo con el que se les nombra en los libros de historia era, como el mismo Enzinas nos dice: ?...contradecir una sola de las palabras de las supersticiones e impiedades con que desde la m?s temprana edad han sido instruidos y empapados, al punto la llaman herej?a?.
La persecuci?n hacia los evang?licos estaba orquestada por las autoridades religiosas, amparadas por las leyes imperiales. Estas prohib?an la lectura de todos los libros alemanes escritos acerca de temas sacros en los ?ltimos veinte a?os; se prohib?a componer e interpretar m?sica sagrada en el idioma vulgar; se prohib?a tambi?n las reuniones que versaran sobre cualquier tema religioso y las relaciones con cualquiera que hubiera sido acusado de ?herej?a?. Adem?s de estas restrictivas leyes, se animaba a los ciudadanos a denunciar y delatar a cualquiera que pudiera ser sospechoso de opiniones o creencias no ?ortodoxas?. Ni a los sabios o entendidos estaba permitida la interpretaci?n de las Sagradas Escrituras ni su ense?anza, ya que ?nicamente la ?Iglesia? pod?a ejercer este ministerio.
Francisco, en Julio de1543, una vez terminados los procesos y las ejecuciones ense?a su traducci?n del Nuevo Testamento a varias personas de posici?n y prestigio en el mundo de las letras. A todos les parece su causa y su trabajo dignos de admiraci?n y apoyo. Despu?s, nuestro protagonista, presenta su libro a los te?logos de la universidad, que sin mucho inter?s se excusan para no dar su opini?n, con el pretexto de no conocer bien la lengua castellana y muestran a Francisco sus dudas sobre el aprovechamiento que pod?an hacer de tal obra los espa?oles. Para estos te?logos la lectura de la Biblia en la lengua popular era la causa de todos los males que asolaban a la Rep?blica Cristiana.
Algunos espa?oles de notable erudici?n apoyaron el proyecto, animaron a Enzinas y se ofrecieron como protectores y promotores de la edici?n.
La impresi?n del libro ten?a que realizarse en Amberes, ya que en dicha ciudad exist?an varios maestros impresores que editaban todo tipo de libros evang?licos y que gustosamente se meter?an en tan apetitosa aventura.
Una vez en la ciudad de los canales todo el deseo de Francisco era sacar a la luz lo antes posible el Nuevo Testamento en castellano. Algunas de las personas con las que discute el asunto le aconsejan que dedique su obra al Emperador, ya que si este apoyaba la publicaci?n, nadie podr?a impedir su difusi?n y lectura. Pero Francisco no lo ve?a claro, ya que sab?a que junto al Rey hab?a varios consejeros reacios a la fe reformada y a la lectura de la Biblia.
El impresor con el que contacta Francisco se compromete a realizar el trabajo y a asumir las responsabilidades que este pudiera ocasionarle, pero los gastos corrieron a cargo de nuestro protagonista, ya que todo el asunto era muy personal para ?l.
Al final dedic? el libro a la Iglesia, incluy? su nombre y decidi? presentarlo al Emperador en cuanto este volviera de su estancia en Francia.
Todos sus desvelos no hab?an hecho sino empezar. Mientras el libro se imprim?a algunas personas mas leyeron el texto. Entre ellos un monje que puso objeciones al t?tulo que Enzinas hab?a pensado: ?Nuevo Testamento, esto es, Nueva Alianza de nuestro redentor y ?nico salvador Jesucristo?. El motivo de este t?tulo tan largo era explicar el nombre ?Nuevo Testamento?, ya que seg?n dice Enzinas, la ignorancia de los espa?oles hacia la Biblia pod?a llevar a confusi?n. El monje objetaba al t?tulo la parte que dec?a ?Alianza? por considerar esta palabra luterana. Poco tiempo despu?s un te?logo opin? a su vez que poner en el t?tulo ??nico salvador? tambi?n pod?a llevar a confusi?n con las ense?anzas de Lutero, por lo que debido a la insistencia de sus familiares y amigos, nuestro protagonista decide acortar el nombre con tal de que el libro saliera impreso.
Una vez terminada la edici?n, Enzinas proh?be la venta de ning?n libro antes de que personalmente se lo presentara al Emperador que en ese momento se encontraba en Bruselas. All? se dirigi? el Burgal?s con la ingenua intenci?n de que su Rey aprobara el trabajo que le hab?a mantenido ocupado los ?ltimos a?os.

Tags: Francisco Enzinas, Carlos V, Reforma

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