martes, 18 de diciembre de 2007

Entrevista a Guillermo Schoebel Ungría

Un arquitecto para los protestantes del Madrid franquista:
entrevista a Guillermo Schoebel Ungría


por Icíar Fernández Schoebel

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Ante mí se encuentra un hombre de pelo blanco. Para otros es un gran arquitecto pero no para mí. Para mí es mucho más que eso. Mi abuelo, Guillermo Schoebel Ungría (“Willi”), nació en Madrid en 1920. Hijo, para sorpresa de los especialistas en “raza aria” que vendrían después, de un alemán trotamundos de pelo y ojos castaños y una española rubia de ojos azules que nunca entendió una palabra de alemán. Desde los cinco años quiso ser arquitecto como su abuelo alemán, que nunca llegó a conocer, y del que todavía conserva una Biblia con notas en letra gótica. Su vida ha estado dominada por su herencia mixta que le ha llevado a vivir un poco como un “observador”, mirando “desde fuera”, sin dejarse llevar por las emociones colectivas corrientes, algo que le ayudó en su juventud a sobrevivir los sangrientos años de la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial. Conociendo cuatro idiomas (español, alemán, inglés y francés), pudo sobrevivir durante años y años de guerras viajando desde España hasta Rusia, primero como intérprete y luego como reportero de guerra sin tener que combatir. Cuando convenía era alemán, si no, español. Finalmente volvió a Madrid, donde pudo terminar sus interrumpidos estudios de arquitectura más de una década después de su inicio entre ambas guerras. Entre sus obras más conocidas están el colegio Alemán (1958-1961), la embajada de Alemania (1966), etc., todas en Madrid.

En esta entrevista he querido indagar más sobre un aspecto poco conocido de su vida, incluso para mí, su trabajo como arquitecto para los protestantes madrileños durante las dos últimas décadas del gobierno de Franco. En esos años, el culto protestante no podía ser practicado de forma completamente libre, y no era fácil encontrar arquitectos que quisieran construir edificios para ello y que supieran como superar las trabas legales. Guillermo Schoebel fue uno de los que quisieron y supieron hacerlo. Espero rendir un merecido homenaje a mi abuelo.



• ¿Cuándo empezaste a trabajar como arquitecto?
En 1951, poco antes de casarme en 1953.

• ¿Cómo empezaste a hacer trabajos para las iglesias protestantes?
Pues vamos a ver. Yo conocía ya antes a Doña Elfriede. No recuerdo por qué. Probablemente por la familia alemana. Y cuando fui arquitecto, ya empezamos los trabajos con ella.

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D. JORGE Y DÑA ELFRIEDE FLIEDNER
• ¿Qué te motivó a aceptar trabajar para los protestantes españoles en una época como la posguerra civil?
Pues primero porque yo soy totalmente agnóstico. No tengo ningún prejuicio religioso. Realmente creo que no tenía ningún prejuicio para trabajar para los protestantes o quien fuese. Incluso una vez me ofrecieron hacer una sinagoga y dije que sí. Lo que pasa es que cuando se enteraron que era alemán, pues no me lo dieron. Además me viene de familia. Toda la familia de mi padre era protestante y en casa no teníamos esos prejuicios. Además, por estar prohibido me pareció que era una cosa con la que debía colaborar

• ¿Estaba prohibido?
Sí, entonces estaba prohibido y pensé que debería colaborar.

• ¿Influyó la tradición protestante de tus antepasados alemanes en esa decisión?
¡Claro! En casa, aunque mi madre era católica, cumplía con sus deberes religiosos, pero no era fanática. Toda la familia española no era de esos “catolicones”... Éramos liberales.
Además yo me eduqué en el Colegio Alemán. Y allí había clase de religión. Y cuando había clase de religión, pues había cuatro grupos: unos iban al pastor, otros al sacerdote católico, otros al cura español y otros al rabino. Pues al principio había rabino en el Colegio Alemán. Y los que no eran de nada iban a jugar al patio del recreo con gran envidia de nosotros. Yo como he visto esto toda mi vida, pues comprenderás que no he podido ser una persona muy extremista.

• ¿Qué obras hiciste para las iglesias protestantes?
Pues la mayoría para los Fliedner y todo lo que hice después fue a través de mis contactos con los Fliedner. Pues, claro, cuando había que hacer alguna cosa protestante española, preguntaban a los Fliedner a ver a quien podían coger que no tuviese problemas. Primeramente trabajé para los Fliedner hasta que me retiré. En El Porvenir, El Escorial, la librería Calatrava. Las tres cosas. Y en la iglesia de Calatrava, también.

• ¿Podrías contarnos sobre El Porvenir?
En El Porvenir como era un edificio del año 1897, creo que es, tenía una construcción de aquella época, con suelos de madera, que para un colegio está ahora prohibido. Entonces hubo que quitar todo el parquet y poner un suelo de baldosas. Luego los retretes, había muy pocos y estaban en muy malas condiciones. Hubo que modernizarlo todo. Después, incluso se hicieron divisiones en clases. Porque eran unas habitaciones muy grandes y como ellos quisieron tener clases de pocos alumnos se hicieron tabiques. Luego se arregló el tejado. Eso fue lo más complicado porque el tejado de El Porvenir es muy bueno. Era de chapa de zinc. Esos tejados en España casi no existían. Fue caro y difícil porque el Ayuntamiento cuida que los edificios antiguos no cambien demasiado, pues este es un edificio protegido. Hubo que arreglar el tejado con zinc también. No se pudo cambiar. Se hicieron también algunas dependencias en el jardín. Algo más se hizo en el sótano. Luego, pues, cositas... Cuando había cualquier cosa Doña Elfride me llamaba para verlo.

Cuando Don Federico compró los terrenos para El Porvenir, era una superficie inmensa. Pues cogía casi hasta la glorieta de Cuatro Caminos. Eso fue cuando la Primera República. No sé cuando, supongo que fue después, le quitaron un terreno enorme; porque todo el sitio donde están las cocheras del Metro era de los Fliedner. Creo que también parte de los depósitos del Canal de Isabel II. Pues había una finca cuya fachada daba a los depósitos del Canal de Isabel II. Arriba, cerca de la Glorieta de Cuatro Caminos. Entonces, cuando los propietarios de los terrenos quisieron hacer esa finca, había una parte pequeña, yo creo que 150 m2, que cogía parte del solar, precisamente gran parte de la fachada, que era de los Fliedner. Entonces no se podían hacer la casa. Al averiguar que era de los Fliedner, me puse en contacto con ellos y llegamos a un acuerdo después de bastantes conversaciones, y les vendieron ese terreno. Yo, claro, saqué también mi ventaja, pues pude hacer la casa. Creo que pudieron sacar como millón y medio o dos millones que para entonces era bastante. Edifiqué una casa con muchos apartamentos, con ciento y pico. Una de las últimas cosas que hice. Tiene tres fachadas y una era la de los Fliedner.

• ¿Que hiciste en El Escorial?
A mí me hizo mucha gracia porque la Sra. Fliedner me dijo que era la casita de Felipe II. Como ya sabes, Felipe II estaba muy malo, tenía gota y tenían que llevarle, así que no subía hasta el monasterio de El Escorial. Se hizo hacer en el pueblo una casa, pues desde ahí veía las obras de El Escorial. Cuando él venía de Madrid para ver las obras vivía allí. No sé si existe todavía; pero pegado a la casa había unas ruinas. Era una capilla que se hizo él. Ya sabes que en El Escorial desde la cama podía ver misa. Pues ahí igual. Le hicieron una capilla cerca de la habitación donde el dormía. Entonces a mí me hizo mucha gracia que la casa del defensor mas acérrimo del catolicismo perteneciera a sus peores enemigos... Me hizo mucha gracia. Como sabía que era un edificio muy bien hecho e histórico, hice una reforma con mucho cuidado tratando de mantener la fachada, pues no se trataba de no dejar huella. Los suelos se cambiaron y se hicieron cuatro o cinco apartamentos para las visitas que venían de Alemania o Estados Unidos. Yo también hice el colegio allí que estaba enfrente. Se hizo de granito. Creo que había algo y se reformó. Hay un edificio con una chimenea muy grande que todavía está, donde creo que fundían mineral de hierro. No sé si la hicieron para Felipe II, pero está en el mismo terreno.

• ¿Y la iglesia de Calatrava?
La iglesia de Calatrava... Me encargaron el proyecto y me puse en contacto con el Ayuntamiento y, claro, pues topamos con la iglesia. No es que se opusieran, la verdad, hay que decir que los funcionarios del Ayuntamiento no se opusieron. Pero dijeron que el proyecto como iglesia protestante no se puede presentar porque lo van a echar abajo. ¿Y qué hacemos?, dije, pues yo quiero hacer una iglesia. Pues póngalo como almacén de materiales. Y así se hizo. También hay que reconocer que el Ayuntamiento no puso absolutamente ninguna pega. Sabían que se estaba construyendo una iglesia, pues las obras eran vigiladas por la guardia municipal. Las obras se terminaron con toda tranquilidad.

• ¿La hiciste con forma de almacén?
No, no, con forma de iglesia. Tiene una pila bautismal. Hay un pequeño altar o mesa. Pero en el Ayuntamiento la información constaba como almacén, por si alguien hacía una revisión y preguntaba. Esta es una de las ventajas de este país: que hay muchas leyes y muchas prohibiciones, pero hay también la manera de saltárselas, ¡gracias a Dios!

• ¿Qué obras hiciste en la librería Calatrava?
Es un local pequeño cerca de la iglesia de Calatrava. Se hizo una librería en la que todos los libros son de literatura protestante, Biblias, etc. Tampoco fue molestado. Realmente era mucho más en teoría la persecución que luego en la práctica. Porque yo supongo que muchos españoles, entre otros los del Ayuntamiento, pensaban que lo de perseguir a los protestantes era una majadería.

• ¿Cómo entraste en contacto con la iglesia bautista?
A través de la Sra. Fliedner, que debería tener contacto con las demás iglesias no católicas.

• ¿Qué obras hiciste para los bautistas?
Hice una iglesia bautista. Y más adelante, casi cuando ya dejé la carrera, me dijeron que querían hacer un seminario bautista en Alcobendas. Yo les hice los planos. Yo dejé la carrera y pasé todo a un primo, Gerhard Gloeckner, al que le di las obras pendientes para no dejar a la gente colgada. Y ese seminario, la obra, la hizo Gloeckner.

• ¿Es quien ahora está haciendo otras obras para la Fundación Fliedner?
Sí, yo le pasé todos los clientes que tenía, entre otros estos clientes, con los que sigue trabajando.

• Volviendo a la iglesia bautista, ¿cómo fue su construcción?
Dos o tres años después de la iglesia de Calatrava, cuando vieron que había salido bien, creo que se atrevieron a hacer esta otra. Yo creo que era en los finales del franquismo, en los finales de los 60 o 70 ya no se metían con estas cosas, tenían otros problemas. En la iglesia hay un púlpito donde se subía el pastor y a la derecha hicimos como una bañera grande de dos por tres metros, como una piscina, donde se bautizaba a los fieles. Es muy curioso, porque yo he asistido a tu bautismo y llevabais como una túnica blanca hasta los pies y el pastor también y metía a las personas en el agua.

• ¿Y el resto del edificio de la C/. Ros de Olano?
Era un edificio de cuatro o cinco plantas. La iglesia estaba en la planta baja. Arriba las plantas se quedaron vacías, pues pensaban que poco a poco irían haciendo otras cosas, un colegio, algún salón de juntas, etc. Fueron haciendo luego poquito a poco obras que ya no hice yo. Se hizo un hueco para el ascensor. Es curioso que hace un año me llamo una arquitecta. Pues aquí en Madrid, cuando un arquitecto hace obras donde otro arquitecto a hecho obras, se pide permiso, pues es algo que pide el Colegio de Arquitectos. Me dijo que en el hueco querían por fin hacer un ascensor. Hasta el día de hoy habían estado subiendo escaleras. Es el último contacto que he tenido con las iglesias protestantes.

• ¿Cuáles eran los obstáculos principales que encontraste a la hora de hacer obras para las iglesias protestantes?
Estaban prohibidas. No se podía hacer una iglesia protestante. Ahora, como ves, afortunadamente, porque este país es como es, se pudieron hacer sin problemas.

• ¿Te afectó el trabajar para protestantes?
No, no, ya sabes que me ofrecieron hacer una sinagoga también. A mí me consideraban extranjero aquí, con mi apellido. Incluso en el Colegio de Arquitectos me consideraban otra cosa, rancho aparte... Yo creo que las iglesias se pudieron hacer en parte porque leían el nombre en el Ayuntamiento y tal vez pensaban que era un arquitecto que venía de Alemania. Tal vez hubieran puesto más pegas a un Pérez o González.

Tags: protestantes, franquismo, arquitectura

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