De 1992- 2003
El último periodo es muy corto y por su proximidad en el tiempo difícil de analizar, pero podemos tratar tres características principales: el crecimiento sostenido de los evangélicos en los años noventa, el incremento de las relaciones entre los evangélicos y políticos, y por último, el problema de la deserción en algunos países caribeños.
El crecimiento sostenido durante los noventa ha sorprendido a propio y extraños, dado que algunos consideraban el crecimiento como algo pasajero y que se iría produciendo una desaceleración progresiva. El pastor protestante Juan Kessler hablaba al principio de los noventa de una progresiva desaceleración y duda que el protestantismo pase a ser mayoritario en alguno de los países de América Latina. El mismo autor también vaticinaba un descenso en el porcentaje de protestantes pentecostales en los años noventa.
Aunque es pronto para comprobar sus valoraciones, la realidad es que en la década de los noventa se ha superado del 16% debido al crecimiento sostenido de países como Brasil y México, aunque otros se han ralentizado el crecimiento como Costa Rica. Mientras que países con un índice bajo de protestantes como Colombia, Ecuador o Venezuela, están creciendo más que en los ochenta.
La intervención de los evangélicos en política es cada vez más evidente. Países como Chile, Brasil, Guatemala, México, Nicaragua, Perú y Venezuela han abierto las puertas de sus congresos a representantes protestantes y han empezado a normalizar las relaciones entre las instituciones y las iglesias evangélicas. Una de las acusaciones de la Iglesia Católica hacia los evangélicos en la última década ha sido la participación de estos en la política. Para explicar estos fenómenos se han editado varios libros como De la Marginación al Compromiso y Cristianos política y poder, donde se analiza este proceso en diferentes países.
En la última reunión del Papa con los obispos se expresó la preocupación de la Iglesia Católica ante el crecimiento evangélico.
El problema de la deserción es uno de los más preocupantes para los evangélicos de algunos países. El estudio más exhaustivo sobre este fenómeno lo ha realizado Jorge Gómez en su libro El Crecimiento y la Deserción en la iglesia evangélica costarricense, donde se dan datos estadísticos del número de deserciones, las causas principales y el destino de las deserciones. Gómez habla de un 8,6 % de deserciones entre los evangélicos costarricenses, de estos 62 % había vuelto a la Iglesia Católica, el 31 % no estaba afiliado a ninguna y el 6 % había ingresado en los Testigos de Jehová o los Mormones.
El mayor número de deserciones se había producido por su propia conducta personal (28%), falta de claridad en la administración de finanzas (12,8 %) y conducta de otros miembros (8,9%.). El autor culpa a la falta de atención a los nuevos creyentes el abandono de la nueva religión y una predicación emocional llena de promesas incumplidas (abundancia material, salud, etc).
La Iglesia Católica desde los años ochenta ha creado estrategias para frenar el ritmo de deserciones que se calcula en 10.000 deserciones por día del catolicismo en América Latina. Entre las iniciativas está la imitación de algunas partes del culto evangélico, el incremento de sus medios de comunicación de masas, el apoyo de varias ordenes religiosas que tiene como misión la "re-cristianización" de América Latina, como los Legionarios de Cristo, Opus Dei, etc. Pero ya pasaremos a analizar esto en el apéndice Catolicismo: Actitud ante la nueva situación religiosa de América Latina.
Para concluir esta breve pincelada del protestantismo en Hispanoamérica, tan sólo comentar la progresiva libertad religiosa en Cuba, que en los próximos años podría suponer uno de los países con el más alto índice de evangélicos en el Caribe. Las expectativas de cambio social en Brasil, cuyo gobierno tiene varios ministros protestantes. Al igual que el incremento de las iglesias apostólicas, el neo-pentecostalismo y neo-carismatismo.
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