Martes, 29 de enero de 2008
La gestaci?n de un libro que cambi? la ciencia y la teolog?a

Pablo de Felipe

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Es el mes de mayo del a?o de Nuestro Se?or de 1539. Un viajero cruza las calles de la peque?a ciudad polaca de Frombork. Lleva muchos d?as de un largo y cansado viaje a sus espaldas; pero ahora sabe que ha llegado a su meta final. El joven matem?tico de veinticinco a?os, Georg Joachim von Lauchen Rheticus, graduado de Wittenberg en la promoci?n de 1536 como maestro en artes, podr? conocer, por fin, al astr?nomo m?s misterioso de Europa. El anciano Cop?rnico, a sus 66 a?os, lleva m?s de 30 a?os persiguiendo un sue?o milenario. Frente a las imperturbables estrellas, cuyas costelaciones se mantienen perpetuamente, los planetas, estrellas errantes, se mueven siguiendo caminos extra?os y dif?ciles de explicar con f?rmulas matem?ticas simples. El antiguo sabio griego Plat?n hab?a propuesto a sus disc?pulos, casi 2000 a?os antes, encontrar f?rmulas que explicasen las observaciones astron?micas de los planetas. Cinco siglos m?s tarde, Ptolomeo, en la era de Roma, consigui? dar con una buena, aunque compleja, soluci?n. La Tierra ser?a una esfera situada en el centro del mundo que el Sol, la Luna y los planetas rodear?an con complejos movimientos circulares. No era un modelo perfecto, pero ni los dem?s astr?nomos de la antig?edad cl?sica, ni los musulmanes, ni los europeos medievales hab?an podido mejorarlo de una manera sustancial.

A principios del siglo XVI, Nicol?s Cop?rnico hab?a sido un joven estudiante polaco, junto a su hermano Andr?s, en la brillante Italia renacentista. Enviado all? para completar su formaci?n universitaria por su t?o y mentor, el obispo de la regi?n polaca de Warmia, Lucas Watzenrode, estudi? leyes y medicina, demostrando gran inter?s por la astronom?a. Tras esto, Cop?rnico retorn? a su tierra natal, en la que hab?a obtenido, mientras estudiaba, los cargos eclesi?sticos de la canonj?a de Warmia y la escolan?a de la iglesia de Santa Cruz de Wroclaw. No volver?a a salir de Polonia. El obispo Watzenrode hizo de Warmia una regi?n de gran importancia. Sus buenas relaciones con el Papa permitieron cimentar su posici?n como se?or casi absoluto de Warmia, que dirig?a desde el castillo de Lidzbark, frente a las pretensiones de los reyes polacos. All?, el joven Cop?rnico trabaj? para su poderoso t?o (del que ser?a secretario y m?dico) y sus sucesores, realizando multitud de tareas t?cnicas, desde encargarse de las cuentas e investigar problemas monetarios, a preparar la defensa frente a los caballeros teutones que quer?an dominar aquellas tierras, pasando por labores m?dicas o la elaboraci?n de mapas. Todo un hombre del Renacimiento digno de su formaci?n universal italiana. Mientras, recorr?a Polonia con su t?o asistiendo a los m?s variados actos p?blicos. Todo anunciaba un brillante porvenir para el favorito del poderoso obispo.

Y fue entonces cuando su mente, que nunca hab?a olvidado la astronom?a, fue dominada por una idea gigantesca muy alejada de la pol?tica y la administraci?n: mejorar el sistema del mundo de Ptlomeo. Y para ello concibi? un nuevo sistema, en buena parte ya propuesto por unos pocos sabios griegos antiguos; pero que fue abandonado por resultar totalmente incre?ble y carente de pruebas. Hacia 1507 las ideas de Cop?rnico quedaron plasmadas en un peque?o folleto llamado Breve exposici?n de las hip?tesis de Nicol?s Cop?rnico acerca de los movimientos celestes, que circul? en copias manuscritas entre amigos y conocidos[1]. Cop?rnico propon?a una aut?ntica locura, situar el sol en el centro del mundo, y la tierra y los dem?s planetas circulando a su alrededor. Y es m?s, no se trataba de una mera especulaci?n filos?fica, sino que promet?a una obra m?s extensa donde se expondr?an las pruebas y demostraciones matem?ticas correspondientes. A la muerte de su t?o en 1512, Cop?rnico se hab?a instado ya en la ciudad de Frombork, junto a la desembocadura del V?stula en el Mar B?ltico, a la que a?os m?s tarde denominar?a ?remot?simo rinc?n de la tierra? y de la que apenas saldr?a ya. El astr?nomo ver?a a tres obispos m?s en Warmia, para los que seguir?a trabajando incansablemente; pero ?l nunca llegar?a al obispado.
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En 1513, el obispo de Fossombrone, Pablo de Middelburg, escribi? a Cop?rnico para invitarle a participar en la reforma del viejo calendario de Julio C?sar que se hac?a ya urgente. Debi? comenzar por entonces la redacci?n de la que ser?a su gran obra, De revolutionibus (Sobre las revoluciones). Pablo de Middelburg inform? al Papa Le?n X, en 1516, de los escritos recibidos en el Concilio de Letr?n, incluyendo el de Cop?rnico, insistiendo en la necesidad de una reforma del calendario.[2] Cop?rnico, completamente solo, avanzaba lentamente en su gigantesco proyecto. Y, sin embargo, el trabajo se iba completando, a la vez que las noticias iban pasando de boca en boca entre los ambientes cultos europeos. Su fama crec?a; pero su gran obra permanec?a oculta. Hacia 1530 estaba terminada. La noticia llegar?a hasta Roma, d?nde el jurista y secretario papal, Johann Albrecht Widmanstadt la expondr?a al pont?fice Clemente VIII en 1533, y ?ste, en agradecimiento, le regal? un preciado manuscrito griego. Un par de a?os m?s tarde, el ge?grafo, astr?nomo, can?nigo de Cracovia y secretario del rey Segismundo I de Polonia, Bernhard Wapowski, visit? a su amigo Cop?rnico, enviado por el diplom?tico vien?s Herberstein, para conseguir un nuevo almanaque realizado seg?n el nuevo sistema del mundo, que ser?a de gran utilidad a los astr?logos en sus c?lculos astron?micos[3]. En 1536, el gran amigo de Cop?rnico, Tiedemann Giese (que llegar?a a ser obispo de Chelmno en 1538 y de la propia Warmia en 1548), public? un libro defendiendo a Cop?rnico en el que se citaba una opini?n favorable del influyente Erasmo de R?tterdam, que se manifest? nuevamente de forma favorable a Cop?rnico antes de su muerte ese mismo a?o.[4] Un apoyo todav?a m?s significativo vendr?a de parte del dominico Nikolaus von Schonberg, cardenal de Capua, que ese mismo a?o le escribi? desde Roma para animarle a publicar su obra; pero Cop?rnico no estaba dispuesto a sacarla a luz de inmediato. Esperaba una gran oportunidad que no llegaba...

Rheticus hace memoria de su viaje mientras se dirige hacia la casa del maestro Cop?rnico. Hace meses que sali? de la Universidad de Wittenberg, con el apoyo del reformador Melanchthon, mano derecha de Lutero, reorganizador de las universidades protestantes alemanas y aficionado a la astronom?a. El mismo que le hab?a promocionado a un puesto para ense?ar matem?ticas y astronom?a en la Universidad de Wittenberg a partir de su graduaci?n en 1536. Y fue as? como en el oto?o de 1538, se dirigi? hacia el sur para curzar Alemania y conocer a algunos de los m?s famosos astr?nomos de Europa. En Nuremberg, visit? a Johann Sch?ner, astr?nomo, astr?logo y ge?grafo. Sch?ner estaba ocupado, entre otros proyectos, en la publicaci?n de los manuscritos in?ditos de Johannes M?ller de K?nigsberg (Regiomontanus), uno de los m?s famosos astr?nomos del siglo anterior. Para ello contaba con la inapreciable ayuda de Johannes Petreius, uno de los m?s destacados impresores de la ?poca, entre cuyas publicaciones destacaron libros acad?micos, cient?ficos, teol?gicos, etc. A trav?s de Sch?ner, Rheticus conoci? al impresor, y parece que Rheticus hubiese pasado a ser una especie de agente de Petreius, pues en sus siguientes visitas contact? con diferentes autores que hab?an publicado para ?l. Pero Rheticus conocer?a todav?a a una persona m?s, que marcar?a su vida, el te?logo luterano y aficionado a la astrolog?a, astronom?a y matem?ticas, Andreas Osiander, conocido como reformador de Nuremberg[5]. De all? hab?a continuado viaje a Ingolstadt donde se hab?a entrevistado con Peter Apianus. En Tubinga conoci? a Joachim Camerarius, que hab?a preparado con Petreius la publicaci?n del gran libro de Ptolomeo sobre astrolog?a (Tetrabiblos). Todav?a hab?a continuado su viaje hasta Feldkirch para visitar a uno de sus antiguos profesores, Achilles Pirmin Gasser, un m?dico interesado en la astrolog?a y la geograf?a. A partir de all? hab?an terminado las visitas en territorio alem?n a amigos o amigos de amigos y se hab?a dirigido hacia las fr?as tierras del noreste, con un cargamento de valiosos libros para el maestro Cop?rnico que inclu?an textos cl?sicos, europeos medievales e isl?micos (Ptolomeo, Regiomontanus, Apianus, Witelo, J?bir ibn Aflash, etc.). Por delante ten?a doce meses para trabajar con el maestro.

Polonia hab?a sido un campo de batalla durante mucho tiempo para los alemanes. Los polacos conoc?an muy bien a los caballeros teutones que llevaban siglos intentando hacerse un hueco en aquel lugar con la persistente oposici?n polaca. De origen alem?n, y aparecidos durante la ?poca de las cruzadas, los miembros de la Orden Teut?nica llegaron a tierras polacas por iniciativa de sus propios gobernantes, que necesitaban una mano dura para controlar a los paganos que habitaban aquellas lejanas regiones prusianas. Finalmente obtuvieron a cambio tierras en vasallaje y se prepararon para quedarse, con el apoyo papal y del emperador alem?n, pese a la animadversi?n de los polacos. Su centro lo establecieron en la estrat?gica ciudad de Tor?n, puerto comercial del V?stula, que llegar?a a ser cuna de Cop?rnico. Pero a las viejas rivalidades de vecinos, ahora se un?a una diferencia mayor. Gran parte de Alemania se hab?a pasado a la Reforma Protestante que naciera de las ideas del te?logo Mart?n Lutero en Wittenberg. Aunque hab?a una cierta influencia luterana en Polonia, el pa?s segu?a siendo mayoritariamente fiel al Vaticano, sin embargo, exist?an contactos. Petreius todav?a recordaba al obispo polaco Johannes Dantiscus, que hab?a contactado con los reformadores en Wittenberg, entre ellos Melanchton en 1523, y que hab?a financiado una traducci?n de los Salmos del hebreo al lat?n, que sali? de su imprenta en 1532. Pero Dantiscus lleg? a ser obispo de Warmia en 1536 y su tolerancia empez? a cambiar. Las ?ltimas noticias indicaban un brote de persecuci?n hacia los luteranos tras la publicaci?n en marzo de un mandato ?contra la herej?a?. Ahora un matem?tico luterano alem?n de la Universidad de Wittenberg iba a visitar a un cl?rigo cat?lico polaco, empleado de este obispo, y que se hab?a destacado organizando la resistencia frente al asedio de los caballeros teutones...
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Finalmente, Rheticus lleg? a la casa del maestro. La c?lida acogida de ?ste, asegur? a Rheticus que estaba ante un amigo. La ciencia iba a unir all? donde la nacionalidad y la doctrina religiosa divid?an. Cop?rnico hab?a so?ado con este momento durante a?os. Aislado en aquel conf?n del mundo, ya casi hab?a perdido la esperanza de poder encontrar a otro colega con quien trabajar en el proyecto de su vida; pero, finalmente, all? estaba aquel joven, lleno de talento y completamente abierto a cualquier nueva idea, deseoso de embarcarse hacia nuevos mundos. Mientras Cop?rnico acariciaba las p?ginas de los libros tra?dos por Rheticus, ?ste le?a con avidez el manuscrito del maestro.

La vida de Rheticus hab?a cambiado para siempre, acababa de embarcarse en la mayor aventura de su vida. El disc?pulo ley? y ley? sin parar. Era el primer hombre que pod?a estudiar con detalle el secreto cient?fico mejor guardado de Europa. En tres meses, se hab?a hecho ya una idea de las dimensiones reales de la obra de Cop?rnico. El entusiasmo era mutuo, Rheticus era el primer copernicano de la historia, y Cop?rnico pod?a empezar a so?ar con que su obra no quedar?a en el olvido y podr?a ver la luz. Como en visitas anteriores, en las que Rheticus hab?a conocido a los amigos de sus maestros, el maestro Cop?rnico le present? a su amigo m?s entusiasta, el obispo de Chelmno, Tiedemann Giese, que tanto le hab?a animado durante a?os a proseguir con su trabajo, y a quien visitaron durante unos d?as de descanso. Giese era una persona de car?cter tolerante y pac?fico, que pretend?a un entendimiento con los luteranos en un libro escrito en 1525, animado precisamente por Cop?rnico. De hecho, hab?a enviado en 1536 un nuevo libro a Erasmo y Melanchthon pidiendo sus opiniones. Eran los tiempos, anteriores al Concilio de Trento, en los que todav?a muchos intelectuales confiaban en encontrar una soluci?n a la divisi?n abierta por la Reforma luterana. M?s de treinta a?os despu?s, el sucesor de Giese en el obispado (Stanislaus Hosius) dir?a que en esa obra se encontraban ?herej?as horribles? (el paso de la Contrarreforma dejaba sus huellas).

Por fin hab?a llegado la hora de sacar a la luz el saber oculto de Cop?rnico, y el maestro autoriz? a su ?nico disc?pulo a publicar un resumen introductorio de su obra, que llevar?a un t?tulo acorde con la longitud y pompa de los de la ?poca: Primer informe a Johann Sch?ner sobre los Libros de las Revoluciones por el docto caballero y matem?tico distinguido, el Reverendo Doctor Nicolaus Copernicus de Torun, Canon de Warmia, por cierto joven devoto de las matem?ticas[6]. La obra estaba lista en septiembre. Rheticus no fue muy lejos para imprimirla, apareci? en Gdansk en febrero de 1540 (y en una segunda edici?n al a?o siguiente, en Basilea, a cargo de su amigo m?dico Achilles Pirmin). Por fin, toda Europa pudo leer con asombro la introducci?n del disc?pulo y su famoso lema tomado de Alcinus: ?Quien desee entender, debe ser libre en su esp?ritu?, que no hizo m?s que incrementar el deseo de poder leer la obra del maestro, nuevamente anunciada. Rheticus envi? copias del libro a sus mentores Sch?ner y Petreius, que quedaron muy satisfechos. Rheticus no hab?a defraudado, hab?a cumplido con creces el objetivo final de su viaje; por fin pod?an saber qu? ten?a Cop?rnico entre manos. Pero Petreius era un h?bil empresario, que sab?a d?nde estaba realmente el tesoro, y mand? un mensaje p?blico a Rheticus. El 1 de agosto de 1540, public? uno de los antiguos tratados de astrolog?a de la rica colecci?n de manuscritos custodiados por Sch?ner. Por delante incluy? una carta dedicatoria ?A Georg Joachim Rheticus, maestro de artes liberales y muy devoto de las ciencias matem?ticas?. All? recordaba su viaje de hac?a un a?o para ver al sabio Sch?ner y c?mo el deseo de aprender le hab?a llevado al ?m?s lejano rinc?n de Europa, a un caballero distinguido cuyo sistema, por el cual ?l observaba los movimientos de los cuerpos celestes, nos relataste en una espl?ndida descripci?n. Aunque no sigue el sistema com?n por el que se ense?an estas artes en las escuelas, sin embargo considero esto un tesoro glorioso si alg?n d?a mediante tu insistencia sus observaciones nos fueran comunicadas, como esperamos que ocurra.? Finalmente, el orgulloso ciudadano de Nuremberg, Petreius, se brindaba como impresor para ofrecer las obras de los hombres m?s doctos, desde su ciudad, al mundo entero.

Pero en Alemania no todos ten?an el mismo entusiasmo. A o?dos del anciano Lutero lleg? la noticia de que ?cierto nuevo astr?logo quer?a probar que la tierra se mueve y no el cielo, el sol y la luna?. El 14 de junio de 1539, en una de sus t?picas charlas de sobremesa, el reformador afirm? con desprecio: ?As? pasa ahora. Quien quiere llamar la atenci?n no ha de estar de acuerdo con nada de lo que los dem?s estiman. Tiene que inventar su propia idea. Esto es lo que hace ese individuo que quiere poner patas arriba toda la astronom?a. Incluso en estas cosas que est?n siendo confundidas yo creo a la Sagrada Escritura, pues Josu? mand? detenerse al sol y no a la tierra.? Es m?s, en octubre de 1541, cuando ya empezaban a llegar las noticias de Rheticus, Melanchthon escribi? a su amigo Burkhardt Mithobius, en relaci?n con la teor?a de Cop?rnico, que: ?los gobernantes, si son sabios, deber?an poner freno al desencadenamiento de los esp?ritus?. Por si fuera poco, se suele considerar que en ese mismo a?o, una obra de teatro de Gulielmus Gnapheus Hagensis, rector del colegio de Elblag, en la que se ridiculizaba a un aprendiz de astr?nomo, era una s?tira contra Cop?rnico.

Sin embargo, los problemas no eran s?lo cient?ficos, las cosas se pon?an dif?ciles para los luteranos en la lejana Warmia. En 1540, el obispo hab?a condenado a los poseedores de libros luteranos y ordenado que deb?an ser denunciados. Y mientras, Cop?rnico, un destacado servidor del obispo, trabajaba codo con codo, no con un poseedor de los her?ticos libros luteranos, sino con uno de los propios herejes...

Era pues hora de dejar el estudio y pasar totalmente a la acci?n. Rheticus prepar? otras dos obras que ayudar?an a la difusi?n de la obra del maestro y que, sin embargo, no llegar?a a publicar formalmente, aunque fueron conocidas por varias personas. En una, se defend?a el nuevo sistema del mundo frente a las objeciones teol?gicas, tratando de evitar cualquier contradicci?n con las Sagradas Escrituras[7]. En la otra, se relataba la vida de Cop?rnico, un tributo al gran astr?nomo, al nuevo Ptolomeo de los tiempos modernos, al hombre que hab?a dignificado nuevamente la ciencia de la astronom?a[8].

Pero, para que toda esta actividad literaria tuviese ?xito, deb?a entrar en las gestiones pol?tico-teol?gicas. Y para ello Rheticus comprendi? el providencial valor de la confianza depositada en ?l por los te?logos de Wittenberg, as? como de los contactos realizados durante su viaje a Polonia, en especial en Nuremberg. Ellos le hab?an enviado para conocer la obra de Cop?rnico, y ahora ?l ir?a de parte de su nuevo maestro, para conseguir de ellos la publicaci?n del tesoro que hab?a ido a buscar. Lo m?s importante era evitar cualquier problema teol?gico. Esta delicada cuesti?n obsesionaba al maestro y al disc?pulo. Para ello, Rheticus ech? mano de un contacto de importancia en la ciudad donde estaba el impresor, con quien ser?a ideal publicar una obra tan especializada de astronom?a: Petreius. As?, Cop?rnico y Rheticus escribieron al te?logo Osiander en julio de 1540. Les interesaba saber si era posible predecir la reacci?n de fil?sofos y te?logos. La respuesta de Osiander, demorada hasta abril de 1541, cuando ya se hab?a recibido en Nuremberg el libro introductorio al copernicanismo de Rheticus, era clara: la oposici?n ser?a frontal; pero r?pidamente a?ad?a un h?bil subterfugio (pensado por ?l o por otros), se pod?a incluir en la introducci?n una peque?a nota indicando que lo que se expodr?a en el libro era una hip?tesis especulativa. Se trataba de un modelo que explicar?a los movimientos de los astros, pero no de la verdadera descripci?n del universo; y, si se olvidaba esta ?ltima pretensi?n, los astr?nomos y te?logos no considerar?an que estos modernos matem?ticos se estaban inmiscuyendo en sus ?mbitos, y no dir?an nada. Como era de esperar, Cop?rnico y Rheticus rechazaron tal soluci?n. Una vez explorado este campo, Rheticus busc? el apoyo proveniente de la m?s alta instancia pol?tica correspondiente. El duque Alberto de Prusia ten?a gran inter?s en obtener un m?todo f?cil para calcular la salida del sol a lo largo del a?o. Rheticus sab?a lo que ten?a que hacer: en agosto, le envi? una copia de un mapa de Prusia que hab?a preparado y un instrumento para determinar la longitud del d?a. Despu?s de esto, solicit? lo que quer?a conseguir: el permiso para publicar la obra de su maestro. El duque respondi? favorablemente, animando tambi?n a Rheticus a mantener su puesto de profesor.

El maestro envejec?a, y Rheticus llevaba con ?l mucho m?s del a?o inicialmente previsto. Se hab?an hecho todas las gestiones necesarias y todos los tanteos posibles. La gran obra no deb?a demorarse m?s. Finalmente, Cop?rnico autoriz? a Rheticus a publicar la obra de su vida. En septiembre, Rheticus volvi? a Alemania con parte del manuscrito. Entre los sabios era un hombre respetado y su carrera progresaba, siendo elegido decano de la facultad de artes en Wittenberg. La publicaci?n se retrasaba, y Rheticus public? all? algunos cap?tulos, sobre temas matem?ticos, que ir?an abriendo camino. Correspond?an a los manuscritos que hab?a tra?do Rheticus a su vuelta; la obra se titulaba De lateribus et angulis triangulorum (junio de 1542), y estaba dedicada al obispo de Warmia, Dantiscus, el nuevo perseguidor de los luteranos... Urg?a ya sacar la obra de Cop?rnico, y el obispo Giese env?o el resto del manuscrito a Rheticus. ?ste viaj? en mayo de 1542 a Nuremberg con cartas de recomendanci?n de Melanchton para publicar la obra completa, a pesar de su opini?n sobre el copernicanismo de Rheticus. Mientras imprim?a una obra propia sobre astronom?a y geograf?a. Petreius pod?a estar satisfecho, su joven fichaje no le hab?a defraudado. Sin embargo, a los pocos meses, la mete?rica carrera de Rheticus volv?a a demandar su atenci?n: por medio de Melanchthon y Joachim Camerarius, era nombrado catedr?tico de matem?ticas en Leipzig, inicialmente con el mismo sueldo, pero Rheticus consigui? pronto un aumento del 40%. Rheticus no pod?a perder esta ocasi?n y viaj? a Leipzig en octubre para el comienzo del curso. Pero la edici?n de la obra de Cop?rnico no estaba terminada. El encargado de llevarla a t?rmino ser?a, precisamente, un viejo conocido, Osiander. Finalmente, el anciano y enfermo Cop?rnico enviar?a a Nuremberg la carta dedicatoria al Papa Paulo III, en la que buscaba su protecci?n contra sus potenciales cr?ticos. El anciano maestro ten?a miedo:

?[...] f?cilmente con tu autoridad y juicio puedes reprimir las mordeduras de los calumniadores, aunque est? en el proverbio que no hay remedio contra la mordedura de un sicofante [sicofante significaba en Atenas y en otras ciudades griegas al delator profesional, en el contexto el significado se acerca a la calumnia].? (3/11).
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Por fin, el De revolutionibus sali? de la imprenta de Petreius en marzo de 1543. El disc?pulo hab?a conseguido publicar el libro del maestro, y la vida de ?ste se fue con la aparici?n de su obra: muri? el 24 de mayo. Paradojas de la historia, en su prefacio, Cop?rnico, no mencion? en absoluto a Rheticus ni a sus compa?eros luteranos que hab?an apadrinado la edici?n, ?desagradecimiento? ?miedo a mencionar a unos luteranos en un escrito dedicado al Papa y atraerse las iras de su propia iglesia?

Pero algunas amargas sorpresas aguardaban a los amigos del maestro. Cuando Tiedemann Giese tuvo una copia del De revolutionibus no pudo dar cr?dito a sus ojos. El t?tulo original De Revolutionibus (Sobre las revoluciones) hab?a sido cambiado a De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de los orbes celestes), de esta forma, y dado que la Tierra no se consideraba un orbe celeste, sutilmente se limitaba el alcance del libro en su propio t?tulo. Pero lo peor estaba dentro, por delante del texto corregido con esmero por Cop?rnico y Rheticus, hab?a una hoja entera, cuyo contenido advert?a al lector de que toda aquella obra deb?a considerarse como hip?tesis matem?ticas que explicaban los movimientos planetarios, sin que fuese algo a tomar como una realidad f?sica, evitando as? cualquier potencial conflicto teol?gico. ?Y aquel miserable prefacio no estaba ni firmado! Afortunadamente, hablaba del autor en tercera persona. El pr?logo incorporado al De revolutionibus finalizaba en estos t?rminos:

?[...]. Y no es necesario que estas hip?tesis sean verdaderas, ni siquiera que sean veros?miles, sino que basta con que muestren un c?lculo coincidente con las observaciones [...]. Est? suficientemente claro que este arte no conoce completa y absolutamente las causas de los movimientos aparentes desiguales. [...], sino tan s?lo establecer correctamente el c?lculo. [...]. Por lo tanto, permitamos que tambi?n estas nuevas hip?tesis se den a conocer entre las antiguas, no como m?s veros?miles, sino porque son al mismo tiempo admirables y f?ciles, y porque aportan un gran tesoro de sapient?simas observaciones. Y no espere nadie, en lo que respecta a las hip?tesis, algo cierto de la astronom?a, pues no puede proporcionarlo; para que no salga de esta disciplina m?s est?pido de lo que entr?, si toma como verdad lo imaginado para otro uso. Adi?s.? (3/4).

Sin embargo, esto nada ten?a que ver con las verdaderas ideas de Cop?rnico, que en el prefacio dedicando la obra al Papa, desprecia a los que pretendiesen poner objeciones teol?gicas a su obra:

?Si por casualidad hay charlatanes que, aun siendo ignorantes de todas las matem?ticas, presumiendo de un juicio sobre ellas por alg?n pasaje de las Escrituras, malignamente distorsionado de su sentido, se atrevieran a rechazar y atacar esta estructuraci?n m?a, no hago en absoluto caso de ellos, hasta el punto de que condenar? su juicio como temerario. Pues no es desconocido que Lactancio, por otra parte c?lebre escritor, aunque matem?tico mediocre, habl? puerilmente de la forma de la tierra, al re?rse de los que transmitieron que la tierra tiene forma de globo. Y as?, no debe parecernos sorprendente a los estudiosos, si ahora otros de esa clase se r?en de nosotros. Las Matem?ticas se escriben para los matem?ticos, a los que estos trabajos nuestros, si mi opini?n no me enga?a, les parecer?n que aportan algo a la rep?blica eclesi?stica, cuyo principado tiene ahora tu Santidad. [...].? (3/11).

Finalmente Osiander hab?a conseguido realizar sus planes y hacer lo que hab?a sugerido a Rheticus y Cop?rnico, aunque, sabiamente, no firm? su escrito. S?lo habr?a faltado insertar el nombre de un famoso reformador en un libro dedicado al Papa... Osiander y Petreius se aseguraban as? el ?xito de tan espinoso libro, que saldr?a con las siguientes caracter?sticas: una obra de un cl?rigo cat?lico, apadrinada por algunos de los m?s destacados reformadores protestantes y sus amigos, dedicada al Papa, y que cumpl?a las exigencias teol?gico-filos?ficas de los intelectuales de la Reforma (y posiblemente tambi?n las de los cat?licos). ?Manipulaci?n? ?Cinismo? ?Conveniencia? ?Sentido pr?ctico? R?pidamente el obispo Giese moj? su pluma para escribir palabras enfurecidas a Rheticus en Leipzig. Pero Rheticus ya hab?a tenido tiempo de leer la que denominaba ?infamia?. Giese lleg? incluso a escribir una carta al Consejo de la ciudad de Nuremberg, para que se reparara semejante atropello y se publicaran de nuevo algunas p?ginas. Es m?s, lleg? a proponer que se deber?a incluir en las copias todav?a no vendidas, la peque?a obra de Rheticus ?con la que has vindicado h?bilmente que el movimiento de la tierra no es contrario a las Sagradas Escrituras.? Pero las cosas no eran tan f?ciles. El manuscrito hab?a pasado por demasiadas manos. Petreius se defendi? diciendo que el prefacio hab?a sido entregado junto con el resto del libro y que ?l no se hab?a puesto a mirar m?s. Pero una haza?a as? no puede ser saboreada en silencio. Osiander coment? su h?bil maniobra en privado a algunas personas y pronto el rumor son? en los o?dos de los astr?nomos por toda Europa, sobre todo cuando unas generaciones m?s tarde otro astr?nomo alem?n, Kepler, tal vez el m?s brillante copernicano, denunci? p?blicamente a Osiander. Desde entonces, ?ste ocupa una de las m?s deshonrosas posiciones en la historia de la ciencia, aunque sus ideas no han dejado de tener algunos seguidores entre los que consideran que la ciencia debe tener objetivos pragm?ticos en el conocimiento de la naturaleza, y no la b?squeda m?s abstracta de la ?verdad?. Mientras, Osiander sigui? trabajando para Petreius como uno m?s de los que le buscaban manuscritos interesantes de contenido astrol?gico, matem?tico, etc.

De esta manera logr? ser publicado el libro que m?s influir?a en la posterior historia de la ciencia con consecuencias dram?ticas para el cristianismo. En 1566, se public? en Basilea la segunda edici?n del De revolutionibus conjuntamente con la Narratio prima. El copernicanismo era ya imparable.

Muchos a?os despu?s, el anciano Rheticus, tras numerosos viajes y tras haber a?adido a sus muchos conocimientos los estudios de medicina, junto con veinte a?os de pr?ctica m?dica, recibe la visita de un joven matem?tico de Wittenberg, Valentine Otho, interesado en el ?ltimo gran proyecto del anciano matem?tico, una obra matem?tica que utilizaba las seis funciones trigonom?tricas:

?Hab?amos apenas intercambiado unas pocas palabras sobre esto y aquello cuando, conociendo la causa de mi visita, ?l salt? con estas palabras: ?Tu vienes a verme a la misma edad que yo ten?a cuando visit? a Cop?rnico. Si yo no le hubiera visitado, ninguna de sus obras habr?a visto la luz.? ? (7/3).



BIBLIOGRAF?A(en las referencias en el texto, detr?s de la barra / se indican las p?ginas citadas)

Cop?rnico, N., Digges, T. y Galilei, G. (1986, reimp.). Op?sculos sobre el movimiento de la Tierra (edici?n de Alberto Elena). Alianza Editorial, Madrid. Aqu? se incluye el texto del Commentariolus.
Hooykaas, R. (1984). G. J. Rheticus? treatise on Holy Scripture and the motion of the earth. North-Holland Publishing Company, Amsterdam. Se trata de la edici?n del redescubierto tratado de Rheticus sobre el problema teol?gico suscitado por la teor?a copernicana.
Cop?rnico, N. (1987). Sobre las revoluciones (edici?n de Carlos M?nguez). Editorial Tecnos, Madrid.
Galilei, G. (1987). Carta a Cristian de Lorena y otros textos sobre ciencia y religi?n (edici?n de Mois?s Gonz?lez). Alianza Editorial, Madrid.
Anabitarte, H. y Lorenzo Sanz, R. (1990). Cop?rnico. Ed. Castell, Barcelona.
Hooykaas, R. (1972, con correcciones en 1973). Religion and the rise of modern science. Scottish Academic Press, Edinburgh.
School of Mathematics and Statistics. University of St. Andrews, Scotland (U.K.). (1998) Georg Joachim von Lauchen Rheticus. P?gina en Internet: http://www-history.mcs.st-andrews.ac.uk/Biographies/Rheticus.html.
School of Mathematics and Statistics. University of St. Andrews, Scotland (U.K.). (1995). Nicolaus Copernicus. P?gina en Internet: http://www-history.mcs.st-andrews.ac.uk/Biographies/Copernicus.html.
Museo Nicolai Copernici (Frombork, Polonia). P?gina en Internet: http://www.frombork.art.pl.


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Notas

[1] Esta obra, conocida como Commentariolus, nunca fue publicada. La ?nica menci?n proviene del astr?nomo dan?s Tycho Brahe, de finales del siglo XVI, que en su Astronomiae instauratae progymnasmata (Praga, 11602) hace menci?n a ella. Seg?n ?l, la obra se la dio manuscrita el m?dico del emperador Maximiliano II, Tadeas H?jek, a quien se la hab?a donado el propio Rheticus como parte de su biblioteca al morir. Tycho entreg? una copia a su colaborador Christian S?rensen (Longomontanus), as? como otras copias a diferentes amigos. Finalmente se perdi? el rastro de la obra hasta que en 1877 se encontr? en la Biblioteca Imperial de Viena la copia de Longomontanus. Posteriormente han aparecido otras m?s.

[2] La contribuci?n que Cop?rnico envi? a Roma para la reforma del calendario no se conserva.

[3] La muerte de Wapowski impidi? la publicaci?n del almanaque que se ha perdido.

[4] Por desgracia, esta obra tambi?n se ha perdido.

[5] Osiander pasar?a luego a liderar la Reforma en K?nigsberg, donde el duque Alberto le considerar?a su ?padre espiritual?.

[6] Esta obra se conocer?a como Narratio prima, y tendr?a varias ediciones.

[7] Afortunadamente esta obra, perdida durante siglos, ha sido redescubierta recientemente por Hooykaas y publicada en 1984 (2).

[8] Por el momento, esta obra permanece perdida.

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