Martes, 12 de febrero de 2008
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Art?culos de la serie sobre la historia de las iglesias pentecostales relativos a la mujer, escrita por el historiador Mario Escobar.

Mujeres evangelistas (II)

Virginia Woolf, en su obra Las mujeres y la literatura, nos comenta sobre el cambio de posici?n de la mujer en la sociedad moderna al decir: Por primera vez en muchas edades, la encorvada figura de manos sarmentosas y ojos apagados, que, a pesar de los poetas, es la verdadera imagen de la feminidad, se enderez?, apart?ndose del balde de lavar la ropa, sali? de su casa y se dirigi? a la f?brica. Este fue el primer paso en el doloroso paso en la senda de la libertad. Wolf, escritora de ?xito y firme luchadora por los derechos de las mujeres, nos describe en breves palabras los dif?ciles comienzos de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Dentro de la iglesia tambi?n hubo mujeres que desempe?aron ese papel.

Maria Woodworth-Etter (1) comenz? a servir dentro de su propia iglesia, pero al poco tiempo su ministerio se extendi? a otras congregaciones que le ped?an que fuera a visitarles. Al poco tiempo, Maria comenz? a comprobar que, tras la oraci?n, algunas personas ca?an al suelo sin que ella las tocase. Estos ?trances? le causaron numerosas cr?ticas entre los ministros de las diferentes denominaciones. La propia predicadora defin?a de esta manera los trances: ?Son una de las cuatro formas en que Dios se manifiesta en una visi?n. En la forma del trance, las capacidades naturales se congelan y de esta manera Dios puede ministrar todo lo que sea necesario?.

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Unos a?os m?s tarde, en uno de los momentos de mayor reconocimiento, Mar?a se separ? de su marido, que le hab?a enga?ado con otra mujer. En 1892, su ex marido mor?a de fiebres tifoideas. Ella se cas? unos a?os m?s tarde.

Despu?s de una larga temporada de campa?as evangel?sticas en el Oeste y de la publicaci?n de varios libros, su fama se extend?a por todo el pa?s. Pero tambi?n tuvo problemas con la Justicia. Fue citada tres veces a juicio, pero solo una de ellas prosper?. El juicio se realiz? en Framingham, Massachussets. Los cargos eran los de hipnosis y la pr?ctica de la medicina. Al final la causa se desestim?.

La Campa?a Mundial de los ?ngeles, en la que participaba la iglesia de Azusa, fue la que origin? una de las divisiones m?s profundas y duraderas entre los nacientes grupos pentecostales. Un tal John G. Scheppe comenz? a predicar que solo hab?a que bautizar en el nombre de Jes?s y que si alguien hab?a sido bautizado en el nombre de la Trinidad deb?a ser rebautizado. La hermana Maria adopt? una posici?n ambigua y, tan s?lo unos a?os despu?s, conden? abiertamente el unitarismo.

En 1918, tras cuarenta y cinco a?os como evangelista, Mar?a se estableci? en Indian?polis y construy? una gran iglesia.

Su larga vida tocaba a su fin, con ochenta a?os y tras haber enterrado a sus seis hijos y dos maridos, poco le quedaba ya por hacer. Su ministerio hab?a sido sencillo, pero acompa?ado por grandes manifestaciones de poder y miles de convertidos.

En palabras de Plauto en su Cruculio: FLAMMA FUMO EST PROXUMA. La llama est? inmediatamente cercana al fuego.





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(1) De la que comentamos en el art?culo anterior el comienzo de su biograf?a.

Tags: Woodmorth, Etter, evangélicos

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