Martes, 11 de marzo de 2008

 



 Por José De Segovia, teólogo y periodista.


           
Anton Szandor LaVey nació en Chicago en 1930, aunque vivió la mayor parte de su vida en San Francisco, donde fué domador de leones, fotógrafo de sucesos y organista profesional, antes de fundar en 1966 la Iglesia de Satán, siendo conocido por sus seguidores como el papa negro. “Los sábados por la noche -recuerda LaVey- podías ver a cantidad de hombres contemplando con lujuria a aquellas muchachas semidesnudas que bailaban en la feria. Cuando al día siguiente, por la mañana, tocaba el órgano en el servicio dominical de los evangelistas, volvía a ver a esos mismos hombres, ahora convertidos en padres de familia, acompañados junto con sus esposas e hijos. Descubrí entonces que la iglesia cristiana se asienta en la hipocresía.”

 

            LaVey escribió una Biblia Satánica en 1969. En los últimos años hizo algunos discos, pero se hizo más famoso por su aparición en la película de Polanski, La semilla del diablo, que por su difícil relación con el rock, que no consideraba muy útil para sus propósitos. La hija de LaVey, Karla, es sumosacerdotisa de la Iglesia. En su sepultura, su padre “sólo lamenta las veces que ha sido demasiado amable”.   

 

            El Templo de Set comienza tras la separación de Michael Aquino del grupo de LaVey en 1975. La simbología nazi identifica esta secta. Hoy hay otras muchas que son generalmente escisiones de las anteriores, pero tienen más relación entre sí de lo que parece. La mayor parte están en Europa y EE.UU., agrupadas bajo la Orden Estelar Antigua Mystical-Kindi, que incluye otros grupos como la Ordo Templi Astarte o Iglesia de la Ciencia Hermética nacida en 1970, o el Luciferian Light Group.  

LA GRAN MENTIRA

 

            El diablo lleva diciendo desde el principio que nos libraremos del mal, si nos entregamos a él, pero en realidad lo que hace es anastesiar nuestra conciencia. Sus palabras suenan bien, y siguen atrayendo a todo aquel que se siente desesperado, al descubrir como Crowley, que no puede dominar sus pasiones. Es por eso que el satanismo nace de la Iglesia, y no del mundo ateo, porque es una expresión de apostasía, no de ignorancia. Es la subversión de la moral cristiana, llamando al dominio propio, pecado, y al abandono, redención. Y como en el Edén, nos lleva a la desintegración moral, la locura, e incluso una muerte temprana.

 

            “Lo que entiendo del sistema de Crowley”, dice el músico Jimmy Page, “es que la represión es la mayor obra del pecado”. Por eso era tal vez conocido por llevar una colección de látigos en su equipaje para humillar a sus seguidoras, con el mismo placer que mostraba su maestro. “Crowley no tenía una gran opinión de la mujer”, dijo el guitarrista de Led Zeppelin, “y yo creo que no estaba equivocado”. El satanismo se basa en la búsqueda de una “auténtica voluntad”, que deja los instintos libre de toda restricción moral. Las drogas, el alcohol o los rituales sexuales, son en este sentido medios para conseguir una conciencia de autoliberación.

 

            El hombre toma así el lugar de Dios. Cree que no está sujeto a nadie y se autorrealiza por la obediencia a su voluntad soberana “no hay más ley que haz lo que quieras”. Pero lo que el satanismo llama “verdadera voluntad” no es sino el auténtico “mensaje de redención” de la serpiente en el Edén Génesis 3, por el que “siendo como Dios”, estaremos más allá del bien y del mal. El verdadero Evangelio nos trae sin embargo un mensaje de victoria frente al mal, por lo que Cristo ha hecho en la cruz. No se trata por lo tanto de aceptar el mal, sino de librarnos de su poder y su culpa, por la fe en su muerte y su resurrección. Así que “¡ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz” Isaías 5:20. Pero Jesús dice: “la verdad os hará libres” Juan 8:32.

 


Tags: sectas, satanismo

Publicado por marioescobargolderos @ 20:49  | Sectas
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 08 de mayo de 2008 | 19:55
VIVA CHAVEZ NO JODA