Lunes, 24 de marzo de 2008



Pablo de Felipe, St. Andrews (Escocia)

Dr. en Bioquímica y Biología Molecular

 

"Ante la impúdica y mítica criatura desnuda de todas sus lanas, sentí como si por debajo del cordero de Dios que quita los pecados del mundo se elevara ahora la oveja Dolly al altar de una nueva religión."

 

 Así describía un periodista a Dolly en 1997, un año después de su nacimiento (I. Carrión. La casa de Dolly. El PAÍS semanal, 13-VII-1997). Apenas otros seis años más tarde, el 14 de febrero, a las 3.30 de la tarde, ha muerto (mediante eutanasia) la oveja más famosa de la historia. El primer animal clonado a partir de una célula adulta, es ahora preparado para incorporarse a la colección del Museo Real de Escocia (Edimburgo, Reino Unido). Nacida en secreto el 5 de julio de 1996, saltó a la fama mundial en 1997. Su aparición produjo una conmoción planetaria. Dirigentes mundiales y organizaciones internacionales se apresuraron a condenar la posibilidad, siquiera remota, de clonar seres humanos con fines reproductivos. Se habló entonces de una moratoria de cinco años para examinar con detalle la nueva técnica.

Y bien, ¿qué hemos aprendido en estos ya seis años? Miles de animales han sido clonados, incluyendo docenas de especies diferentes. La eficiencia de la técnica, que toma el núcleo (con la información genética) de una célula adulta y la introduce en un óvulo, al que se elimina previamente su núcleo, sigue siendo muy pequeña. Más aún, la mayoría de los embarazos de animales clónicos no llegan a término, y muchos animales mueren al poco de nacer. Los que consiguen sobrevivir (Dolly fue la única superviviente de 277 embriones originales), parece que tienen una constitución considerablemente más débil de lo normal.

Se ha especulado que las células de un animal clónico serían más viejas de lo normal y se produciría un envejecimiento prematuro. Al parecer no es eso lo que ocurre, simplemente los clónicos desarrollan enfermedades con más facilidad, debido a su fragilidad, con lo cual acaban muriendo prematuramente. Aunque Dolly fue capaz de parir varios corderos, su vida parece ajustarse a ese patrón de fragilidad. La avanzada enfermedad pulmonar de origen viral, que padecía, acabó con ella a la mitad de lo que sería la esperanza de vida para una oveja normal. Es más, ya hace un año, Dolly presentaba síntomas de artritis en su pata izquierda. Experimentos con ratones en Japón han mostrado claramente que los clónicos viven menos que los ratones nacidos por reproducción natural o in vitro. Y lo peor es que el estudio de los clónicos muertos indica claras anormalidades en numerosos órganos vitales: pulmones, corazón, riñones, etc.

            A la vista de estas circunstancias, tanto políticos como científicos parecen reforzar su negativa a la clonación reproductiva (la clonación terapéutica, es decir la obtención de un embrión que es destruido a los pocos días o semanas para ser usado como fuente de tejidos, está actualmente sujeta a un intenso debate bioético y científico que no trataremos aquíGui?o. La moratoria de cinco años parece haberse olvidado y nadie se preocupa de renovarla: los hechos cantan por sí mismos y ninguna persona en su sano juicio está dispuesta a intentar la clonación con humanos. Incluso la clonación animal con fines terapéuticos o industriales parece estancada. En estos años algunos han anunciado su deseo de usar la clonación, en muchos casos, con los propósitos más pintorescos. Para muchos, la clonación es una alternativa más entre las numerosas formas "modernas" de reproducirse y formaría parte de los "derechos reproductivos". Un paso más en el control del hombre por el hombre o, al menos, por "algunos hombres". Sin embargo, dejando a un lado discusiones más serias sobre bioética, la realidad es que los personajes ansiosos por utilizar la clonación que los medios de comunicación nos han presentado, han dado una imagen deprimente: ancianos deseando un "nacer de nuevo", ambiciosos científicos-empresarios frotándose las manos ante el  nuevo negocio reproductivo, patéticos locos ansiando abrazar a sus padres como bebés o, más conmovedor, padres entristecidos deseando una "segunda oportunidad" para un hijo muerto en la infancia. Los múltiples problemas técnicos planteados por la clonación parece que han hecho innecesaria una discusión más detallada. ¿Pero es esto totalmente cierto?

Poco antes de la muerte de Dolly, cuando el mundo parecía haber olvidado todo esto, y preocuparse más de la guerra en Irak (que acaba de empezar mientras escribo), he aquí que los raelianos anuncian, en Diciembre, el nacimiento del primer bebé humano por clonación. Claude Vorilhon (Raël), un visionario francés (ex-periodista), que tuvo un encuentro "en la tercera fase" con los extraterrestres en los años setenta, es el fundador y líder de este curioso grupo. Según Raël, la vida en la Tierra fue creada mediante ingeniería genética por unos extraterrestres llamados "Elohim". Esa palabra, de uso corriente en la Biblia, habría sido traducida erróneamente como "Dios". Nada demasiado original. Desde el auge del fenómeno OVNI en la segunda mitad del siglo XX, han proliferado los libros de historia-ficción hablándonos de los "astronautas" de la antigüedad (desde los de tiempos prehistóricos a los que ayudaban a los egipcios a construir sus pirámides). Inevitablemente, esto acaba en religión-ficción, cuando se nos dice que esos "astronautas" extraterrestres habían sido confundidos en el pasado con dioses y, de ahí, el origen de todas las religiones. Cualquier cristiano familiarizado con la historia percibirá el aroma de algo un tanto rancio en todo ello. Algunas herejías y religiones que competían con el cristianismo en los primeros siglos de nuestra era no estaban demasiado lejos de todo esto. Pudiera parecer que semejantes simplificaciones y simplismos no podrían atraer a muchos. Grave error. No es que sean muchos (unas cuantas decenas de miles), pero los raelianos han conseguido una buena clientela en el último cuarto de siglo con su mezcla de cristianismo, ciencia y ufología. Su centro se encuentra en "UFO land" (Montreal, CanadáGui?o. Y, mientras recogen fondos para construir una embajada en Jerusalén donde dar la bienvenida a sus "dioses" del más allá cósmico, han fundado ya una empresa de clonación. "Clonaid", fundada en 1997, y cuyos científicos trabajan en un país desconocido desde el 2001, pretende emular a los "dioses" extraterrestres en el uso de la tecnología genética. Como primer fruto de sus esfuerzos, su presidenta, la científica Brigitte Boisselier (también obispo del grupo), ha anunciado el nacimiento, en un lugar secreto, de una niña por clonación el 26 de diciembre de 2002 (llamada "Eva", como era de temer). Para ellos, un primer paso para conseguir la "vida eterna" y un paraíso donde "nadie necesita trabajar nunca más". Eso sí, para que Raël nos cuente eso en vivo, tendremos que pagar 100.000 dólares.

Como era de esperar, la polémica se ha avivado al instante. Tal vez será el interés por la guerra, pero el caso es que, a pesar del rimbombante anuncio, no se ha presentado ninguna prueba científica. Es más, nadie ha visto a "Eva" en público. En una búsqueda por Internet en marzo, no he conseguido encontrar ninguna noticia más sobre el tema. Los raelianos afirman que los padres temen perder los derechos legales de paternidad y no han dado ninguna muestra biológica, para probar la realidad de la clonación. Según ellos, cuatro bebes clónicos más han nacido en estos meses de la mano de Clonaid. Y en una segunda etapa, otras veinte parejas se preparan ya para tener bebes clónicos. Sin embargo, muchos creen que se trata simplemente de un fraude, tal vez una campaña publicitaria para atraer atención. Personalmente, confío que así sea.

            Para los que se hacían ilusiones de que la modernidad o la postmodernidad traería el fin de las religiones, y en particular el ansiado fin del cristianismo, aquí tenemos una respuesta. ¿Es ésta la religiosidad del futuro? ¿Estamos ante el fin de los mitos religiosos o ante su mismo nacimiento? Si este es el futuro, debemos empezar ya a ponerle remedio. Si alguien pensó que el fin del cristianismo traería una era de racionalidad y ciencia, se equivocaba. Más bien lo contrario. El ser humano tiene hambre de Dios. Si rechaza a Jesucristo hoy, mañana adorará al becerro (¿clónico?) que no quitará ningún pecado del mundo...

 

 

 

 

Para más información:

Pablo de Felipe. Bases científicas e la clonación y cuestiones éticas. Alianza Evangélica Española, 1999.

 


Tags: boética, cristianismo

Comentarios