Martes, 06 de mayo de 2008

 


¿Quiénes fueron los Hugonotes? ¿En qué contexto hay que situarlos? ¿Jugaron un papel importante en la historia de su tiempo? ¿Por qué han pasado a la posterioridad? Los libros de Historia nos hablan de los Hugonotes como los protagonistas del sangriento Día de San Bartolomé,  acaecido durante la noche del 23 de Agosto de 1572. Las calles de París se tiñeron con la sangre de cientos de protestantes franceses, que sintieron en sus carnes la intolerancia religiosa propia del tiempo y lugar que les tocó vivir. Pero la reforma en Francia no se puede limitar a este hecho puntual; sin saber las circunstancias que lo envolvieron puede parecernos un acto cruel y bárbaro sin más, pero lo cierto es que fue una decisión meditada para intentar poner solución a una difícil coyuntura. Los excesos a los que se llegaron fueron consecuencia, en buena medida, del odio irracional del pueblo católico contra la iglesia reformada, pero la idea, en principio, puede considerarse como una “razón de Estado”. Claro que razón de Estado también  fueron las persecuciones a los cristianos en tiempos de Roma o, incluso, la propia Inquisición.

La Historia del Protestantismo en Francia está ligada en sus comienzos al llamado Grupo de Meaux, grupo de índole humanista formado en esa ciudad episcopal gracias al apoyo del obispo Guillermo Briçonnet. Uno de los miembros de este grupo, Jacques Lefèvre d´Etaples, afirmó años antes que Lutero el principio de la justificación por la fe. Enunció esta verdad en su “Comentario a las epístolas de S.Pablo”. Quizá este haya sido uno de los hitos más importantes de los inicios de una Iglesia Reformada que tuvo gran poder en algunos momentos pero que también sufrió una de las mayores persecuciones de la Historia por motivos religiosos. Hay autores que no dudan en afirmar que ni aún en los primitivos tiempos de la Iglesia fueron tan numerosos los martirios ni las persecuciones tan continuadas y persistentes.

En toda la dialéctica de la Francia moderna, desde Francisco I hasta Luis XIV tuvieron gran importancia las políticas anti- protestantes, no sólo por parte de la corona, que vio en muchos momentos peligrar su autoridad, sino también por parte de grupos contrarios tanto a la corona como a la Reforma: la Santa Liga.

Francisco I, uno de los grandes reyes de Francia, se mantuvo bastante tolerante con la divulgación de las nuevas ideas, o al menos no dio muestras de hostilidad sistemática. Muchos de sus consejeros se habían inclinado hacia la Reforma, y su hermana Margarita de Angulema influyó también en esta tolerancia. No obstante durante su reinado ya hubo algunas persecuciones, como las motivadas por el incidente de los “pasquines”. Consistió este incidente en la aparición de panfletos que proclamaban algunas verdades luteranas incluso en el castillo en que el rey moraba. Los primeros martirios se verificaron en 1523 en Meaux y en París, generalizándose posteriormente por todo el país. La Iglesia de Meaux resultó diezmada por la persecución. El primer mártir francés, Jean Vallière, murió en la hoguera en París en agosto de 1523.

Con Enrique II la persecución se hizo más sistemática y violenta. Una “cámara ardiente”, creada en octubre de 1547 en el Parlamento de París, dictó en sólo 3 años más de 500 sentencias contra los “herejes”. Las ejecuciones de Hugonotes terminaron por ser llevadas a cabo sin juicio previo. Un consejero del rey, Anne du Bourg, que había protestado contra estas medidas, fue detenido por ello y quemado 7 meses después, ya fallecido el monarca.

Enrique II murió en un accidente acaecido durante un torneo, sin que estén muy claras las circunstancias que envolvieron los hechos. El trono pasa a manos de Francisco II, un muchacho de 15 años incapaz de superar los odios religiosos que cada vez iban más en aumento, mezclados con el ansia de poder de algunos grupos. Los Guisa, familia católica de grandes aspiraciones políticas, vieron reforzada su influencia al convertirse una pariente suya, María Estuardo, en reina de Francia gracias a su matrimonio con Francisco II. Este hecho, sumado a la ejecución de Anne du Bourg, alarmó a los protestantes. El príncipe de Condé, uno de los líderes del partido hugonote, preparó dos sublevaciones que no tuvieron éxito.

Ninguno de los tres hijos de Enrique II que le sucedieron en el trono (Francisco II, Carlos IX y Enrique III) tuvieron una personalidad fuerte que les ayudara a salvar el grave problema religioso. Según Enrique de Navarra, el único hombre de la familia era Catalina de Medici, la reina madre. Esta florentina, viuda de Enrique II, ha pasado a la historia como una hábil diplomática demasiado aficionada a pócimas y venenos. Su postura hacia los Hugonotes se fue recrudeciendo con los años, y si bien primero era partidaria del diálogo para buscar una solución más o menos consensuada, acabó recurriendo a la violencia para impedir que el poder se le escapase de las manos.

Francisco II tuvo una vida breve, y a su muerte es proclamado rey su hermano Carlos IX. El protestantismo ganaba terreno poco a poco. En 1561 la reina de Navarra, Juana de Albret, hija de Margarita de Angulema, que profesaba la religión reformada, fue recibida en París por 15.000 correligionarios. Se celebró un culto público. Este auge del protestantismo no hubiera sido tan amenazador para la corona si no fuera por que amparándose en las nuevas ideas reformadas subyacían importantes aspiraciones políticas. En 1559 Giovanni Michiel, embajador veneciano en Francia, escribió a la Serenísima que “estas guerras han nacido del deseo del Cardenal de Lorena de que nadie sea su igual y, asimismo, de que el Almirante (Coligny) y la Casa de Montmorency no quieren tener superior”. El Cardenal de Lorena es uno de los baluartes de la Santa Liga, mientras que Coligny y los Montmorency son los adalides del partido protestante.

El Edicto de Enero de 1562 permitió por primera vez la celebración de culto protestante fuera de las ciudades, a la par que permitía algunos derechos a los “desorejados” (mote provocativo con que se conocía a los miembros de la iglesia reformada francesa). Esta medida de pacificación fue la causante del desencadenamiento de las 8 guerras civiles que asolaron el Estado francés durante 36 años.

El Parlamento de París se negó a valorar este Edicto, tal era el odio que existía contra los hugonotes. En Vais se hizo caso omiso del Edicto (también llamado de Saint- Germanin) y fueron asesinados unos 70 protestantes. Además hubo matanzas en otros lugares, quedando prisioneros los líderes protestantes Condé y Montmorency. En Sens, los católicos degollaron y arrojaron al río a gran número de protestantes. En Tours fueron degollados o ahogados 200 hugonotes.

A partir de aquí la política de Catalina de Medici dejó radicalmente los intentos de pacificación dada la oposición de los sectores católicos ante cualquier concesión a los reformados. La reina madre hizo escribir en 1567 por Carlos IX a De Gordes las siguientes líneas: “Allí donde veáis que algunos se mueven, aunque sólo sea para socorrer y ayudar a los de la nueva religión, les impediréis moverse por todos los medios posibles, y si juzgáis que son recalcitrantes, los hacéis pedazos y los descuartizáis; porque en cuanto más muertos, menos enemigos”.

En 1527 el Calvinismo estaba a punto de hacerse con el poder en Francia. Tras la muerte del líder Condé la causa protestante se afirma con mayor claridad y compromiso religioso porque supuso el ascenso de Gaspard de Coligny a su liderazgo. La influencia que Coligny ejercía sobre Carlos IX era manifiesta. Catalina estaba dispuesta a eliminarlo y los Guisa eran los previsibles asesinos. Es imposible dudar de la inquebrantable sinceridad religiosa de Coligny, que perdería trágicamente la vida en la sangrienta jornada que ejemplifica la intolerancia y el odio irracional del catolicismo francés contra la Iglesia reformada: El Día de San Bartolomé.

La también llamada Matanza de San Bartolomé tuvo lugar en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572, y sus efectos duraron realmente hasta el 3 de Octubre. Catalina de Medici y los Guisa comparten la máxima responsabilidad de esta masacre. Los protestantes, que habían acudido a París en gran número para asistir a la boda del líder hugonote Enrique de Navarra con Margarita de Valois (hija menor de Catalina) fueron degollados en masa. Incluso el futuro Enrique IV, Enrique de Navarra, tuvo que abjurar para salvar su vida. La matanza se generalizó por el reino, y fueron asesinados más de 30.000 protestantes. Entre las víctimas se cuentan el filósofo Ramus y el músico Goudimel. Tan sangrienta fue la persecución, que incluso el pueblo francés se cansó de la misma.

(Cita de A.Dumas de C.IX no arrepentido)

Tras estos hechos, el calvinismo desarrolló una teoría contraria a la monarquía que había roto de tal modo sus promesas para con la religión reformada. Se identifica la tiranía como forma de gobierno que también es herética y susceptible de rebelarse contra ella, porque, según el reformista Beza, “un pueblo tiene tanto poder sobre un rey tirano como un concilio sobre un papa herético”.

Así que tras la muerte de Carlos y la subida al trono de Enrique III la corona tenía la necesidad de entablar algún contacto con los hugonotes, de manera que no se llevaran a cabo las ideas de rechazo violento hacia la tiranía surgidas tras San Bartolomé. Pero Enrique III no era el rey más adecuado para ello, dada su debilidad y sus periódicas crisis de arrepentimiento.

En 1576, en Picardía, el partido católico (no del todo conforme con la “pasividad” de la corona con los protestantes) se había organizado en una Liga. Los Guisa estaban a la cabeza de la misma, y en muchas ocasiones estuvieron en abierta rebeldía contra el monarca.

En la Asamblea de Montauban de 1581, Enrique de Navarra, que había huido de la corte y vuelto al calvinismo, fue proclamado “protector” de todos los reformados de Francia. El entonces duque de Anjou, Francisco, hermano del rey Enrique III y supuesto heredero de la corona, murió en 1584, con lo que los derechos sucesorios pasaron a Enrique de Navarra, casado con la hermana del rey. Esto hace que los extremistas católicos radicalicen más aún sus posiciones, pues Francia estaba en serio peligro de caer en manos del partido reformado. Las ideas protestantes de rebeldía contra el tirano fueron llevadas a su cumplimiento, curiosamente, por el partido de los católicos exacerbados (Liga). El propio Enrique III fue asesinado en 1590. El asesino fue un fraile dominico, Jacobo Clemente, que pertenecía al sector de católicos intransigentes que consideraban que el rey estaba entregando Francia a los hugonotes.

Antes de morir designó sucesor a Enrique de Borbón o de Navarra, que promete convertirse al catolicismo. Es a este rey al que se atribuye la frase de “París bien vale una misa”. Muchos nobles y algunos eclesiásticos se dieron por satisfechos, formando el partido de los “Católicos reales”. Pero los miembros de la Liga, apoyados por el papa y por el rey de España proclamaron un antirrey. París fue asediado por enrique de Borbón y liberado por la llegada de tropas españolas dirigidas por Alejandro Farnesio. Francisco II impulsaba la candidatura para el trono de su hija Isabel Clara Eugenia, nacida de su matrimonio con la princesa francesa Isabel de Valois. Así que Enrique de Borbón demanda la conversión al papa Clemente VIII, y éste levanta la excomunión que pesaba sobre él. Con Enrique IV como rey, Francia se reconstruye en todos los sentidos.

Con Enrique IV llega también el Edicto de Nantes, y los Hugonotes ven reconocidos muchos derechos, como el de reunión. Además con este rey los hugonotes se hicieron fuertes en Francia.

            Tan grande se hizo su poder que obstaculizó el gobierno absolutista de Luis XIII y Richelieu, por lo que fueron instigadas nuevas persecuciones contra ellos y se produjeron más enfrentamientos. Richelieu provocó la caída política de los hugonotes con la toma de la plaza de La Rochelle, en 1628.

            En 1685, Luis XIV demostró hasta qué punto se sentía seguro de su poder revocando el Edicto de Nantes. Buscaba conseguir la unidad del reino en todos los aspectos, incluido el religioso. Tardó en atreverse a atacar a los hugonotes, pues ello causaría descontento en Europa, especialmente en el Electorado de Brandemburgo. Pero finalmente se lanza a la acción, adoptando medidas preparatorias para que los hugonotes volviesen  a la Iglesia católica. Los protestantes soportaron estas presiones con admirable paciencia. Se toman, entonces, medidas más intimidatorias. En el Poitou los católicos quedaron exentos de determinados impuestos, que son cargados sobre los protestantes; si un hugonote se “convertía” a la iglesia católica, era eximido de estos impuestos, y el pago de los mismos era repartido proporcionalmente entre sus ex -correligionarios.

A decir de Sain Simon, “Del tormento a la abujuración y de ésta a la comunión no mediaban más de 24 horas, y los verdugos eran sus conductores y testigos. Casi todos los obispos se prestaron a esta práctica, y la mayor parte alentaron a los verdugos. El rey recibió los detalles y noticias de estas persecuciones. El rey se felicitaba de su poder y de su piedad...”

Para evitar las posibles revueltas, se instituyeron las “dragonadas”: los hugonotes tenían que alojar en sus casas a soldados de caballería. Estos podían en cualquier momento organizar una persecución contra su huésped y su familia.

El golpe de gracia llegó con la revocación del Edicto de Nantes. Se arrasaron las capillas y lugares de reunión protestantes. Además fueron prohibidos los cultos protestantes, castigándose con el destierro a los predicadores. Los hijos de los hugonotes eran bautizados y recluidos en monasterios católicos.

Estas persecuciones, consecuencia de la desaparición de la libertad religiosa, provocaron que cientos de miles de hugonotes huyeran a Inglaterra, Alemania, los Países Bajos, Suiza y las colonias inglesas en América del Norte, como Massachusetts, Nueva York y Carolina del Sur. Se estima que entre 400.000 y un millón de hugonotes lograron escapar, aunque en teoría tenían prohibido emigrar. Así Francia perdió por decenas de millares a sus más laboriosos ciudadanos. Aproximadamente un millón se quedó en Francia. Muchos de ellos se cobijaron en la región montañosa de Cevenas (sur de Francia) y se les empezó a conocer por el nombre de camisards; el intento del gobierno para acabar con ellos desembocó en un nuevo conflicto (1702-1705). Se rebelaron contra el rey Luis XIV , encabezados por el soldado francés Jean Cavalier. Desde sus fortalezas situadas en la montaña, llevaron a cabo diversas acciones guerrilleras contra las tropas reales. Recurrieron a la violencia, incendiando iglesias católicas y asesinando u obligando a huir a los sacerdotes. El papa Clemente XI promulgó una bula papal censurándoles, y los católicos pasaron a la acción arrasando más de 450 poblaciones, cuyos habitantes fueron en su mayoría asesinados. Los enfrentamientos continuaron esporádicamente hasta la muerte del sucesor de Cavalier, Abraham Mazel.

Con la llegada del siglo XVIII, la mentalidad ilustrada influyó en una mayor tolerancia religiosa, y los protestantes franceses pudieron recuperar muchos de sus derechos. Aunque durante Luis XV se declararon nulos los matrimonios y bautismos celebrados por pastores protestantes, éste edicto fue anulado por Luis XVI.

A finales del siglo XIX se otorga la libertad religiosa a todos los grupos religiosos, incluidos los hugonotes o protestantes. Fue una libertad que costó mucha sangre a través de los siglos. El número de hugonotes durante los siglos XIX y XX fue escaso, dada la terrible persecución que los diezmó. No obstante su influencia en la vida francesa ha sido importante, como su postura liberal en materia de reforma social.

 







 

 


La iglesia reformada francesa


Ya se ha dicho que los orígenes del protestantismo en Francia estuvieron muy ligados al Humanismo, representados especialmente por el grupo de Meaux. Con este humanismo se comienzan a estudiar las Sagradas Escrituras, que se traducen y comentan. El más ilustre de los primeros mártires franceses, Luis de Berquín, fue discípulo de Erasmo, no de Lutero.

En un segundo momento comienzan a expandirse las ideas de Lutero. Una de las características más peculiares de la iglesia reformada francesa fue dar extraordinaria importancia a la moral, más que implantar fórmulas o creencias. Quizá porque tuvo que soportar una persecución tan severa y vivir bajo una legislación tan represiva. La iglesia católica, que no se había renovado, no pudo impedir que las ideas de Lutero fuesen rápidamente propagadas por el reino. El éxito de las ideas reformistas se propagó por todas las capas sociales: ricos y pobres, intelectuales y gentileshombres, burgueses y clérigos se unieron a la Reforma.

El Lutero que caló en la población francesa fue el Lutero anterior a  1525, que insistía sobre todo en el diálogo interior del alma con Dios, despreciando la organización externa de la Iglesia. Se constituyeron comunidades piadosas, sin jerarquía estricta y sin fuertes lazos entre sí. Se leían fervorosamente las Escrituras y se preocupaban menos de los Sacramentos. Estos primeros hugonotes vivían en la semiclandestinidad y en muchas ocasiones continuaban asistiendo a las ceremonias católicas. Este “nicomedismo” fue rechazado por Calvino, que en aquellos momentos organizaba la Iglesia de Ginebra. Calvino, francés de nacimiento, seguía muy de cerca los asuntos de su patria. Se toma como labor personal estructurar el protestantismo francés, fundando Iglesias en un país en el que hasta entonces sólo existían grupos de profesantes mal organizados.

Los primeros grupos que organizaron en Francia la celebración de la cena fueron los de Sainte- Foy (1541), de Aubigny y Meaux (1542) y los de Tours y Pau (1545). A partir de 1555 Calvino toma de su mando las Iglesias reformadas del reino. Desde Ginebra llegaron pastores que asumen la dirección de las comunidades. Y las iglesias calvinistas se fueron estableciendo por el territorio francés. La férrea disciplina calvinista no fue aceptada fácilmente, pues se echaba de menos el libre evangelismo del periodo anterior. Con el sínodo de 1559 se confirma el protestantismo francés en el camino del calvinismo. Se acordó que todas las iglesias fueran iguales entre sí, pero ninguna podría tomar iniciativas importantes sin el previo acuerdo del sínodo provincial. A finales de 1561 existían más de 670 templos calvinistas en Francia.

La reforma calvinista en Francia tuvo gran arraigo sobre todo en las ciudades, entre los burgueses, los artistas, las gentes de Iglesia, los eruditos y los escritores, también entre las mujeres. Los nobles, hacia 1560, permitieron que los reformados se convirtieran en poder político. De hecho, cada hugonote se “afiliaba” a un noble protestante, en parte como herencia de la tradición feudal.

 

 

 

Personajes principales

Luis I de Borbón, príncipe de Condé (1530-1569). Fundador de la casa de Condé y líder hugonote, hijo menor del duque Carlos de Borbón, nacido en Vendôme. Fue educado como protestante. Desde 1551 hasta 1557 combatió en las guerras francesas contra Carlos V, emperador del Sacro Imperio. En 1560 encabezó la conjuración de Amboise, conspiración protestante contra el rey Francisco II de Francia, y fue condenado a muerte. Sin embargo, el fallecimiento del Rey y el ascenso al trono de Carlos IX, le salvó la vida, y al año siguiente fue nombrado gobernador de la región francesa de Picardía. Poco después, estallaron las guerras de Religión entre católicos y hugonotes, y Condé quedó al frente del ejército hugonote. Fue ejecutado tras rendirse en la batalla de Jarnac.

Gaspard de Coligny (1519-1572), almirante francés y líder hugonote. Se distinguió en las guerras de Francisco I y Enrique II,  contra Carlos V, emperador del Sacro Imperio (y rey de España como Carlos I). En 1552 se convirtió en almirante de Francia, y cinco años más tarde fue derrotado y capturado por los españoles en San Quintín. Durante los dos años que permaneció en prisión adoptó las ideas de los hugonotes. En 1560 Catalina de Medici conspiró con Coligny y otros líderes hugonotes contra la poderosa familia católica de Guisa. La conspiración fracasó, pero Coligny logró alcanzar cierto grado de libertad religiosa mediante el Tratado de Amboise en 1563. Desempeñó un papel destacado en las guerras entre católicos y hugonotes de la década de 1560. Catalina se sintió alarmada por la influencia que ejercía sobre el joven rey Carlos y sobre Enrique de Navarra. Por ello, la Reina Madre conspiró con los Guisa y obligó a su hijo a acceder a la matanza de hugonotes en la Noche de San Bartolomé en 1572. Coligny se encontraba entre los miles de asesinados.

Enrique IV (de Francia) (1553-1610), rey de Francia (1589-1610), que restauró la estabilidad tras las guerras de Religión del siglo XVI. Fue el primer rey Borbón de Francia y también rey de Navarra, con el nombre de Enrique III (1562-1610). Enrique nació en Pau (entonces Navarra) el 13 de diciembre de 1553. Su padre, Antonio de Borbón, duque de Vendôme y rey de Navarra, era descendiente, en novena generación, del rey de Francia del siglo XIII, Luis IX. Su madre, Juana de Albret, era reina de Navarra y sobrina del rey Francisco I de Francia.

Enrique I de Guisa (1550-1588), político y soldado francés, líder del partido católico, hijo de Francisco I de Guisa. Participó en la lucha contra los hugonotes en 1567, para vengar la muerte de su padre. Tomó parte activa en la Noche de San Bartolomé de 1572, supervisando personalmente el asesinato de Coligny, a quien consideraba uno de los principales instigadores de la muerte de su padre. No dispuesto a reconocer la paz establecida en 1576, Enrique formó una alianza de nobles católicos, la Liga Santa, con el fin de reanudar la guerra contra los hugonotes. Es posible que el objetivo de Enrique al crear la Liga fuera el de asegurarse el trono francés. Sin embargo, el rey Enrique III de Francia asumió el liderazgo de la Liga y la disolvió en cuanto se alcanzó la paz en 1577. La Liga volvió a reunirse en 1584, cuando, a la muerte de Francisco, duque d'Alençon, el sucesor del trono pasó a ser el hugonote Enrique de Navarra, más tarde Enrique IV. Enrique de Guisa, como defensor de los intereses católicos, alcanzó gran popularidad, al mismo tiempo que el prestigio del rey se resentía. El 12 de mayo de 1588, dirigiendo al pueblo de París en una insurrección conocida por el nombre de jornada de las Barricadas, tuvo la oportunidad de hacerse con el trono, pero permitió que el rey escapara. Aproximadamente un mes después, el rey llegó a un acuerdo con la Liga y nombró a Enrique lugarteniente general de los ejércitos reales. Enrique de Guisa fue asesinado poco después por la guardia del rey.

 

La Santa Liga

Esta institución político- religiosa jugó un importantísimo papel en la historia moderna francesa. Aunque Enrique II sí estaba decidido a luchar sin tregua contra los protestantes, Catalina de Médicis, Francisco II, Carlos IX y Enrique III sólo combatieron a los hugonotes esporádicamente. En cambio, la voluntad de destruir el protestantismo estaba encarnada por la Santa Liga, creada a imagen y semejanza de sus artífices, los Guisa. La Liga, con su ardiente piedad, su fanatismo y sus procesiones de monjes, fue el fenómeno típico de la Contrarreforma.  Pero no pudo sostenerse en el poder en la Francia del siglo XVI. Después de Enrique IV, el espíritu de la Liga cobró nuevo impulso. Luynes, Bérulle y los Marillac  querían realmente la destrucción del protestantismo.

 

¿De dónde viene el nombre de hugonotes?

Hay varias teorías al respecto. Una de ellas es la que supone que la denominación se deriva de la torre de Hugón, torre francesa donde se reunían en ocasiones los protestantes galos.


Tags: hugonotes, protestantes, historia

Comentarios
Publicado por Invitado
Domingo, 12 de abril de 2009 | 0:05
desquiciadocomo siempre el oscurantismo suprersticioso de Europa cuando los cristianos protestantes intentan superarlo la GENOCIDA Santa Iglesia Catolica Apost?lica, lo reprime con una crueldad que supera a Hitler, Mussolini, estalin, Mao-Setunng,etc juntos.
Publicado por javier otero
Mi?rcoles, 21 de octubre de 2009 | 22:01
El "Francisco II" padre de Isabel Clara Eugenia y esposo de Isabel de Valois que se menciona en el art?culo es Felipe II de Espa?a.