Martes, 20 de mayo de 2008



La Iglesia Católica alemana deberá vender o arrendar el 25 % de sus propiedades hasta finales de este año para equilibrar sus déficits. Los dos millones de feligreses menos en los últimos 10 años significan menos ingresos para la iglesia y también muchos lugares vacíos en los 24.500 inmuebles que posee la Iglesia Católica en Alemania.

Desde hace años los católicos esperan poder transferir las iglesias a comunidades religiosas cercanas a la suya o a quienes tengan proyectos congruentes con sus ideas, explica Stefan Förmer, portavoz del Arzobispado de Berlín. "Tenemos el sueño de que se sigan usando como espacios de eventos para que la gente se reúna, no ya en una misa, pero por lo menos en la forma de un museo o una galería de arte, eso sería ideal."

Pero no se puede especular mucho con edificios enormes, de formas inutilizables y de espeluznantes costos de manutención, muchos de los cuales están ligados además a las exigencias y restricciones de ser patrimonio histórico.

Poco a poco la comunidad católica ha debido ceder a sus pretensiones. Hasta ahora más de la mitad de los inmuebles vendidos por la Iglesia Católica han sido destinados a usos comerciales y sólo un tercio a usos deseados por ella. El monasterio de Geistingen, cerca de Colonia, está siendo transformado en un lujoso complejo de viviendas que ahora se ofrece a inversores como un paraíso para salir de la tensión urbana.

Desde hace décadas sólo 10 monjes habitaban los 10 mil metros cuadrados del monasterio, que ahora debieron repartirse en otros monasterios de la región. Pero finalmente los feligreses lograron que el futuro rascacielos mantenga un gran salón y el campanario de su iglesia, una bastante módica recompensa.

El bellísimo y ya casi deshabitado monasterio de Arenberg, en Koblenz, estaba destinado a su cierre, pero sus 8 emprendedoras monjas aprendieron las artes del relajamiento y hasta de los masajes para atraer visitantes, con tanto éxito que ahora pueden vivir si la ayuda de la iglesia.

El mayor problema para los inversores es que remodelar una iglesia es tan caro como construir un edificio nuevo y muchas de ellas no tienen ni siquiera una arquitectura o ubicación especialmente atractiva.

Fuente: El País


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