Viernes, 23 de mayo de 2008



Por Mario Escobar, escritor e historiador

Las piedras centenarias de la catedral de Toledo invitan al viajero a franquear sus puertas con la música acompasada de las bisagras oxidadas. Al entrar uno espera oscuridad y recogimiento, pero los turistas caminan sin rumbo tocando los relieves del coro, mirando asombrados las capillas y fotografiando a escondidas los altares de oro y plata. La catedral que conoció Cisneros era muy distinta. El silencio, el perfume de los inciensos, el murmullo de los canónigos que como fantasmas vagaban por el claustro luminoso, formaban una atmósfera de misterio místico.

            Toledo y Cisneros cruzaron sus caminos de manera inesperada. Gracias al apoyo de los Reyes Católicos, Francisco Jiménez de Cisneros se convirtió en arzobispo de Toledo, el cargo eclesiástico más importante de la Península y con una de las rentas más altas de toda Europa. El anterior arzobispo, Mendoza, del que ya hemos hablado, le recomendó para el cargo en su lecho de muerte. La bula de concesión al nombramiento llegó a Madrid en la cuaresma de 1495. Una vez más Cisneros se negó a aceptar el vacante eclesiástico, obligando al Papa a enviar una nueva orden conminatoria seis meses después. Cisneros terminó por aceptar. Su celo reformista se hizo notar muy pronto en su diócesis. Los primeros en sufrirlo fueron los canónigos, que como en la mayoría de las catedrales eran demasiado ricos y relajados. La vida monacal y consagrada que intentaba imponerles el nuevo arzobispo no encajaba en sus planes, por ello, los canónigos enviaron un representante a Roma, para quejarse de los rigores reformistas de Cisneros.

            En la etapa de Cisneros las riquezas de la diócesis no se usaron, como había sucedido en anteriores ocasiones, para enriquecer a la familia del nuevo arzobispo, ni para celebrar suntuosas fiestas; la mayor parte se usó en la construcción de hospitales, colegios, pósitos de trigo para los pobres, en la construcción de la Universidad de Alcalá y para subvencionar proyectos de los reyes, como la conquista de Oran.

            Cisneros realizó numerosas reformas a nivel pastoral en su diócesis. En primer lugar se llevó un control más riguroso de bautismos, se ordenó la explicación de los evangelios el domingo en las parroquias, la enseñanza del catecismo a los niños. Creo el monasterio de San Juan y la Casa de Santa Isabel, para niñas pobres y prostitutas. También fundó una congregación para recoger enfermos y niños abandonados. Completando su obra de caridad con el reparto de trigo en época de carestía.

            Por su lado Lutero tomó un derrotero muy diferente. Excomulgado definitivamente en enero de 1521, abrió un camino de reforma propio. En primer lugar buscó el favor del emperador Carlos V en la Dieta de Worms, pero el joven emperador no estaba dispuesto a enfrentarse al Papa y le conminó a abjurar. Protegido por el príncipe electro Federico de Sajonia, salvó la vida ocultándose durante unos meses en un castillo. Durante aquel obligado periodo de retiro el joven agustino no perdió el tiempo. Lutero se enfrascó en una profunda batalla espiritual y en un frenético ritmo de trabajo. Por un lado comenzó la traducción del Nuevo Testamento al alemán, por otro se carteaba con sus compañeros de Wittenberg, que en aquel momentos se encontraban preocupados por el cariz que  tomanban la reforma en la ciudad. En marzo de 1522 regresó a la ciudad para terminar con el bando más radical de la Reforma. Mientras que Cisneros tuvo que reorganizar una diócesis grande y complicada, Lutero acometió la construcción de una nueva iglesia desde la base. 

Tras la publicación del Nuevo Testamento en alemán, Lutero comienzó la traducción del Antiguo Testamento, paso necesario para afirmar uno de los pilares básicos de la Reforma, el de sola escritura, las doctrinas de sola gracia y  solo Cristo, obligan a Lutero a combatir por escrito muchas doctrinas que circulaban por una Alemania en pleno proceso de Reforma. En 1523 monjes y monjas abandonaron los claustros, aunque el propio Lutero no dejó la cogulla hasta un año más tarde. Pero nuevos problemas aparecieron en el horizonte, los campesinos se rebelaron contra sus señores al grito de Reforma. Por otro lado, Cisneros comenzó su labor evangelizadora-opresora en Granada y fue nombrado como Inquisidor, las horas más oscuras de estos dos personajes están apunto de comenzar.

Cisneros y el Protestantismo I


Tags: cisneros, reforma, iglesia católica

Comentarios