Martes, 12 de agosto de 2008



PEKÍN (AFP) - El presidente estadounidense,
George W. Bush, hizo este domingo un nuevo alegato en favor de la libertad de culto en China, asistiendo a un oficio religioso en Pekín y diciendo a su homólogo chino, Hu Jintao, que no tiene nada que temer de la religión.

"Laura (su esposa) y yo acabamos de tener la gran alegría y el gran privilegio de practicar aquí, en Pekín, en China", dijo Bush tras haber orado con decenas de fieles y escuchado un coro chino entonar un cántico en el templo protestante de Kuanjie. "Esto muestra simplemente que Dios es universal, que Dios es amor, y que ningún Estado, ningún hombre ni ninguna mujer deberían tener miedo del amor de la religión", añadió a modo de mensaje encubierto al gobierno chino.

Horas después, Bush abogó por la libertad de culto y los derechos humanos durante un encuentro con Hu, afirmó un responsable de su gobierno, Dennis Wilder. "Dijo al presidente Hu que se trata de un aspecto importante del diálogo entre Estados Unidos y China y que China puede contar con que cualquier presidente que venga también hará que sea un aspecto importante de nuestro diálogo", afirmó, ante la posibilidad de que Pekín esperara un inquilino de la Casa Blanca más conciliador a partir de enero del 2009.

Los dos dirigentes también hablaron de los intercambios comerciales bilaterales y los desafíos nucleares norcoreano e iraní. Wilder admitió que Estados Unidos seguía esperando que Corea del Norte cumpla sus compromisos en el proceso de desnuclearización de su territorio a cambio de incentivos. En teoría, Bush podría borrar a Corea del Norte de la lista estadounidense de Estados terroristas a partir del lunes. Pero, en estas condiciones, "creo razonable decir que el día de mañana va probablemente pasar sin que esto ocurra", afirmó Wilder.

La Casa Blanca insistió en que Bush hizo especial hincapié en el asunto nuclear iraní durante su encuentro con Hu. La misma fuente mencionó "objetivos estratégicos" entre los dos países, sin entrar en detalles.

Esta entrevista constituye el punto culminante de su visita de cuatro días a China, que ha tenido un doble programa político y deportivo, pues Bush es un apasionado del deporte y ha querido estar presente en los Juegos Olímpicos apoyando a la delegación estadounidense. Después de su paso por la iglesia y antes de su reunión con Hu, Bush acudió con su esposa y su hija a animar al nadador Michael Phelps, su compatriota, que ganó la medalla de oro.

Y prosiguió un delicado ejercicio diplomático. Desde hace meses se encuentra entre dos fuegos: los defensores de los derechos humanos que le piden que aproveche la exposición mediática de los Juegos para dirigir un mensaje contundente a las autoridades chinas y los dirigentes chinos que se niegan a politizar esta competición deportiva. Bush optó por una diplomacia discreta que, según él, da fruto. Sin embargo, desde su llegada, el jueves, habló a diario sobre las libertades en el gigante asiático, pese a la sensibilidad del gobierno chino ante este tema, que considera una injerencia en sus asuntos internos.

No obstante, la organización defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI), acusó al presidente estadounidense de avalar la política del gobierno chino al elegir el templo de Kuanjie, que está controlado por el Estado, y no una iglesia independiente del poder.

La libertad religiosa encabeza los derechos fundamentales que Bush quisiera ver respetados en China.


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