
Hace
unas semanas leíamos un artículo sobre la pérdida de identidad
cristiana que están sufriendo los Estados Unidos. En la actualidad el
famoso God Bless You está desapareciendo de la campaña
electoral. En las próximas semanas haremos un repaso a la vida de
varios presidentes estadounidenses que destacaron por sus valores
cristianos.
Aunque
muchos vieron en la Constitución Americana y en la Declaración de
Independencia unos documentos íntegramente cristianos basados en los
principios de los Padres Peregrinos que fundaron simbólicamente la
nación, no podemos dejar de apuntar a otras influencias de carácter
menos ortodoxo, en la formación de la Constitución Americana.
Los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica son un buen barómetro de la frialdad o calidez espiritual del país.
John Adams, el segundo presidente de los Estados Unidos dijo: Los
hombres de estado… pueden planear y especular a favor de la libertad,
pero sólo la moralidad y la religión pueden establecer los principios
sobre los cuales la libertad puede permanecer firme. ¿Podría afirmar lo
mismo el futuro presidente de los Estados Unidos?
GEORGE WASHINGTON
Antes de que los Estados Unidos se establecieran como nación,
cuando todavía formaban parte del Imperio Británico, un joven oficial,
alto y delgado, estaba junto a sus hombres justo antes de que estos
entraran en combate.
Los franceses y los ingleses se enfrentaban por el dominio de
Norteamérica, ambos bandos habían conseguido el apoyo de muchas de las
tribus indígenas que convivían en sus territorios.
La matanza del río Mononhahela parecía no tener fin. Los soldados
británicos fueron cayendo uno tras otro. Los oficiales montados a
caballo eran un blanco fácil para los indios. Uno a uno todos los
oficiales murieron, pero un joven y delgado oficial parecía inmune a
los disparos. Los guerreros de las tribus que luchaban con los ingleses
afinaron su puntería. Por dos veces mataron su cabalgadura, pero el
oficial tomó otro caballo y siguió dirigiendo a sus hombres.
Al final, el jefe indio ordenó que cesara el fuego, pensó que aquel
“rostro pálido” tenía la protección del gran espíritu. El oficial logró
escapar con los pocos hombres que quedaban vivos. Aquella noche, frente
a un fuego de campamento, notó que su casaca estaba agujereada en el
brazo. Cuando se la quitó, pudo comprobar que tenía al menos cuatro
orificios de bala, aquel joven era George Washington.
Unos días más tarde, el futuro primer presidente de los Estados
Unidos escribía a su hermano: Como al llegar a este lugar escuché un
relato circunstancial de mi muerte y mis últimas palabras al morir, he
tomado la primera oportunidad para contradecir lo primero y asegurar
que todavía no he escrito lo segundo. Pero por todas las poderosas
compensaciones de la Providencia, he sido protegido más allá de toda
probabilidad o expectativa humana. ¡Porque cuatro balas atravesaron mi
saco, y derribaron a dos caballos mientras los montaba y aun así escapé
sin un rasguño, aunque la muerte derribara a mis compañeros por todos
lados!
En el próximo artículo hablaremos de este famoso personaje y sus creencias.
Mario Escobar
es licenciado en Historia, diplomado en Estudios Avanzados por la
Universidad Complutense de Madrid y director de la revista «Nueva
Historia para el Debate»
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