En
Holanda, el que muchos consideran el país del libertinaje, quedan
todavía grandes comunidades en las que la ortodoxia es máxima, a veces
extrema. Estos herederos del calvinismo prohíben las blasfemias, las
mujeres no usan pantalones y la televisión apenas tiene presencia.
Por ejemplo, la ciudad de Staphorst,
de 16.000 habitantes, que a estas costumbres no habituales añade otras
que son envidiables, como tener una de las tasas de natalidad más
elevadas de Europa y la cifra de divorcios más baja de Holanda.
HEREDEROS DE CALVINO
«Los habitantes se ven como los verdaderos herederos de Juan Calvino»,
el teólogo protestante francés nacido hace 500 años, explica Jan de
Wolde, un historiador octogenario, residente de Satphorst desde hace 54
años.
En esta ciudad de 16.000 habitantes considerada como la más
conservadora de Holanda, situada a un centenar de kilómetros al este de
Amsterdam, «se considera que el resto del mundo es impío», agrega.
Un decreto municipal prohibió la blasfemia, aunque a la vez no considera castigarla,
y según cifras del proveedor de televisión por cable Ziggo, el 80% de
los hogares no tiene televisión. Las mujeres que usan pantalones, «una
vestimenta de hombre, no bíblica», según Wolde, son pocas y se ve como
algo raro.
El domingo en Staphorst los autobuses no circulan. Los
negocios y la piscina municipal están cerrados. Pero las calles que
llevan a los cinco templos protestantes de la ciudad están repletas de
gente. Para asistir al culto, las mujeres tienen que cubrirse la
cabeza. «Todo está cerrado el domingo, salvo la iglesia. Es imposible
vivir aquí, asfixiante», asegura Vic van Vuuren, un estudiante de 19
años que se proclama ateo y que está ansioso de abandonar su ciudad
natal. Pero muchos otros siguen residiendo sin querer marcharse.
Aproximadamente mil mujeres usan todavía las vestimentas
tradicionales que le valieron el sobrenombre de ´Zwarte kousen´
(´medias negras´
a los calvinistas del ´cinturón bíblico´ holandés,
que atraviesa el país en diagonal del suroeste al noreste.
«Desde el exterior, todo puede parecer medieval», reconoce una habitante de 66 años. Aunque están al tanto de lo que ocurre a su alrededor, pero a menudo en desacuerdo:
la eutanasia, la legalización de la prostitución, el aborto y el
casamiento homosexual, que hacen de Holanda un laboratorio del
liberalismo social, son tabú en este lugar. Sin embargo, y aunque como
en toda ciudad Staphorst tiene «sus extremistas», agrega, «la gente que
vive aquí es en su mayoría tolerante con el otro y es reconfortante
vivir en una comunidad tan unida». Una buena muestra es el joven ateo
Vic van Vuuren, aburrido pero respetado.
«Uso falda porque así me siento bien», afirma Ventje Veijer. Esta
joven de 21 años nunca visitó Amsterdam, con su famoso ´Barrio rojo´ y
sus ´coffee shops´, donde se vende marihuana. ¿La razón? La tiene
clara: «porque allí tienen valores diferentes».
Durante la guerra de 80 años entre España y Holanda, que terminó en
1648, el gobierno holandés «utilizaba la fuerza para promover el
protestantismo como una barrera contra los españoles católicos que
invadían el sur», recuerda la historiadora Mirjam van Veen. El
´cinturón bíblico´ de hoy está situado, de hecho, «en la línea de
frente» de la época, agrega.
A pesar de todo, «el tiempo no se detuvo en Staphorst», asegura Jan
de Wolde. Como muestra, cada vez más habitantes tienen internet en sus
hogares. En los años 1970, la mitad rechazaba vacunarse, estimando que
hacerlo era interferir con la voluntad de Dios. Hoy sólo el 20% lo
sigue pensando.
Tags: protestantes, calvinistas, holanda, evangélicos